Hace poco me reencontré con compañeros de la secundaria. No había visto a nadie de ese pasado desde que salí de él, y esperaba que nunca sucediera. En fin, pasó y fue inevitable recordar tantas cosas que creí que había olvidado o que de alguna manera había vivido en una vida anterior. Amores: Carlos (yo le gustaba, me lo dijo muchas veces), desamores (anduvo con mi mejor amiga), mi primera borrachera (creo que fue con dos cervezas) y mi primera humillación...
Los adolescentes pueden ser tan crueles. Entre hombres pueden llevarse muy pesado y ser manchadísimos unos con otros hasta que alguien se revela o empieza a tomar clases de karate. Y entre mujeres podemos llevarnos muy bien, y luego burlarnos unas de otras hasta que alguna desarrolla un desorden alimenticio. Esa fui yo, pero no fue por las burlas de mis compañeras, ellas me respetaban (tanto como se puede respetar a alguien que es más alta que el promedio y que nunca habla más que para responder correctamente las preguntas de los profesores).
Héctor era el wey más guapo de la secu, todas babeábamos por él. Nunca hablaba con nadie, excepto con un tipo raro que iba en mi salón y que fue quien me dijo que se llamaba Héctor y que vivía en La Vírgen. Eso era todo lo que yo sabía de él, pero era suficiente porque en mi mente, él era el que quería conmigo y sabía todo de mí y un día llegaba y me decía lo importante que era para él y salíamos juntos y descubríamos que éramos el uno para el otro (sí, así de cursi).
La realidad fue más que diferente. El único día que acepté socializar con las niñas de mi salón, se les ocurrió preguntarme lo que a todas las adolescentes les interesa saber de las otras adolescentes: ¿"quién te gusta"? Yo, hasta entonces, no tenía idea de que responder esa pregunta fuera tan malo, no estaba enterada de las reglas de ese juego porque hasta ese día siempre habíamos sido yo y mis pensamientos (por ende, mis propias reglas) o yo y la niña nueva que cuando me vio sola decidió pegárseme como náufrago a salvavidas, pero ella era igual de antisocial que yo, así que nos llevamos bien, nunca nos incomodó el silencio.
Liliana (así se llama la niña nueva) ya había faltado tres días y a las otras niñas pareció preocuparles mucho porque se acercaron a preguntarme por qué había faltado mi amiga, una pregunta llevó a la otra hasta que se enteraron de que yo también babeaba por Héctor. El wey en cuestión se encontraba del otro lado del patio, esperando al tipo raro con el que se juntaba, quien por casualidad pasó junto a nosotras en ese momento. Una de las niñas le pidió que hiciera venir a su amigo porque tenían que decirle "algo importante" y yo empecé a hiperventilar. Cuando los dos niños se acercaron, una de mis compañeras, señalándome, le dijo "le gustas a ella" y él, mirándome fijamente de pies a cabeza, contestó: "a mí no, es fea y gorda".
Si las niñas se rieron o no, es cosa que no recuerdo, sólo recuerdo el zumbido agudo en mis oídos y el patio de la escuela girando muy rápido. Me sentí mareada y me dieron ganas de vomitar. Corrí al baño y después de sacar todo y quedarme tirada junto a la puerta, me sentí mejor, la sensación de malestar había desaparecido. Sequé mis lágrimas y regresé al salón como si nada hubiera pasado, sin mirar a nadie de frente. Al llegar a casa ese mismo día me encerré en el baño y me miré al espejo, las náuseas regresaron, pero cada vez que vomitaba terminaba con una sensación de alivio, de liviandad. Repetía eso cada vez que algo me incomodaba, hasta que ya casi nada me incomodaba, pero lo seguía haciendo de todas maneras.
No sé cuándo dejé de vomitar, pero pasó mucho tiempo antes de que quisiera dejar de hacerlo. Pareciera que ya lo superé porque ya no lloro cuando lo recuerdo, aunque en el fondo estoy segura de que esas cosas no se superan. Mi autoestima es lo suficientemente frágil como para que hoy, once años después, si mi familia opina que debo meterme a un Fitness Club porque estoy engordando, yo prefiera evitar mirarme al espejo y taparme la nariz hasta que se me pasen las náuseas.
Cintia.
1 comentarios:
A mi me hicieron un par de esas en la secu... eso de preguntarte quien te gusta para balconearte es típico. Yo solía estar sola con mis libros o con la niña nueva, hasta que la niña nueva se integraba y me quedaba otra vez sola. Por fortuna Lorena nunca se integró y pudimos sobrevivir la secundaria juntas.
De mi se burlaban porque era flaca. No más no hay donde esconderse...
Hubo una reunin de ex alumnos y fui
me lleve al guey más mamado que conozco
y me sentí vengada
a nadie le dije que me arrancó el corazón el la casa del árbol y lo arrojo a la basura esa misma noche, después de unas pizzas...
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