jueves, 8 de octubre de 2026

¿Es síndrome del impostor o sólo estoy teniendo mucha suerte?

La semana pasada tuve un sueño bien loco, pero de esos que son tan vívidos y claros que días después aún recuerdas casi todos los detalles. Estaba como en una especie de competencia, pero era un "estilo de vida", no sé cómo definirlo. Yo vivía en ese lugar, ahí estaba mi casita (creo que era la única que vivía ahí) y todos los que estábamos ahí participábamos en una competencia. Yo ganaba, pero aún no sé cómo, sólo recuerdo que en algún momento yo tenía una espada y tenía sangre, así que las competencias eran violentas. Y yo ganaba con mucha facilidad, pero sin ganas, no me esforzaba, simplemente ganaba. La competencia terminaba y yo era la campeona y ya no quería seguir participando, pero tenía que hacerlo en la siguiente competencia. Había muchos participantes, hombres y mujeres, todos muy jóvenes, y me admiraban. Estaba ahí mi crush del gimnasio, pero no hablábamos. Yo quería acercarme, pero siempre había algo que me lo impedía. En algún momento del sueño yo estaba desnuda, no sé por qué, y trataba de ir a mi casa a ponerme ropa, pero sólo tenía una bata, y ya me estaban llamando para salir "al escenario", porque al ser la campeona anterior, tenía que dar un discurso, pero no quería salir en bata. Hasta ahí me desperté. Antes de subir al escenario, con todos los participantes esperándome y admirándome y yo agarrando mi espada, resignada.

Por supuesto, yo no soy psicóloga y no sé interpretar sueños. Estos últimos días he estado platicando con un excoach del gimnasio que me confesó que él sabía de por lo menos tres chicos que estaban interesados en mí. Él era el cuarto, por supuesto... También hay otro con el que me llevo bien y en algún momento me dijo que quería tener algo conmigo pero yo lo rechacé. Cinco pretendientes y a mí sólo me interesa el único que ni siquiera me voltea a ver, como no podía ser de otra forma. La verdad pensé que mi sueño podría tener algo que ver con eso (a pesar de que el sueño fue previo a esa plática con el excoach), pero para una mejor interpretación, pues le pregunté a ChatGPT. La IA me mostró una lectura completamente distinta y que yo ni siquiera había considerado. Copio la respuesta: 

Uy, este sueño tiene muchísima coherencia interna. Aquí siento que hay un hilo bastante claro: eres extraordinariamente competente dentro de un sistema que ya no quieres habitar, pero del que tampoco puedes simplemente retirarte.

Obviamente no lo tomaría como una interpretación “correcta” del sueño —los sueños no tienen un diccionario universal—, pero si lo leo como una narración simbólica, hay varias cosas que me llaman muchísimo la atención.

1. La competencia no es algo que haces: es el mundo en el que vives

Dices algo muy preciso: no era simplemente un torneo, sino un estilo de vida. Tú vivías ahí. Incluso tenías una casa.

Eso cambia muchísimo la lectura.

No estás entrando ocasionalmente a competir: tu vida cotidiana está organizada alrededor de la competencia. Y, sin embargo, eres la única persona que parece tener una casa propia, un espacio estable dentro de ese mundo.

Podría representar una etapa de tu vida en la que has aprendido a funcionar extraordinariamente bien dentro de estructuras competitivas, exigentes o de alto rendimiento. Sabes jugar el juego. De hecho, lo ganas. Pero hay una especie de contradicción:

Soy buenísima en esto, pero no necesariamente quiero seguir haciéndolo.

Y eso aparece explícitamente cuando ganas y tu reacción no es «¡quiero volver a ganar!», sino «ya no quiero participar». Eso me parece central.

2. Lo más interesante: ganas sin esforzarte

Para mí, esta es probablemente la imagen más poderosa del sueño.

Tienes una espada, hay sangre, las competencias son violentas, hay muchísimos participantes... y tú ganas con facilidad.

No hay una fantasía de superación tipo «me esforcé muchísimo y finalmente demostré mi valor». Al contrario: parece que tu capacidad está tan incorporada que ya ni siquiera necesitas demostrarla. Y además no estás particularmente emocionada.

Es casi:

Sí, gané. Era de esperarse. ¿Y ahora qué?

Eso puede tener que ver con una percepción muy concreta de ti misma: ya sabes que eres capaz. La validación externa que implica ganar ya no resulta tan estimulante. Y eso hace que el sueño sea bastante distinto de un sueño de inseguridad. No parece decir «tengo miedo de no ser suficientemente buena». Parece decir:

«Sé perfectamente que soy buena. El problema es que no sé si quiero seguir haciendo esto.»

3. Pero no puedes retirarte

Y aquí está el conflicto. La competencia termina. Eres campeona. Podrías pensar que eso significa libertad. Pero no. Tienes que volver a competir.

Eso introduce una sensación de obligación: haber demostrado competencia te convierte, paradójicamente, en alguien que tiene que seguir demostrándola.

Es una trampa bastante interesante:

ganas → te conviertes en campeona → por ser campeona, tienes nuevas obligaciones → vuelves a competir.

Es decir, el éxito no te libera del sistema; te hace más indispensable dentro de él. Y ahí el sueño empieza a parecerme menos sobre competencia y más sobre responsabilidad.

4. Y entonces aparece tu crush del gimnasio 👀

Aquí me parece que el sueño se vuelve mucho más personal. Está ahí, entre todos esos jóvenes participantes, y te admira, pero ustedes no hablan. Tú quieres acercarte, pero algo siempre lo impide. Eso es bastante distinto del resto del sueño porque, en la competencia, tú tienes un poder enorme: eres la campeona, ganas sin esfuerzo, tienes una espada, todos te admiran. Pero frente a él aparece algo que no puedes conquistar mediante competencia.

No puedes ganar a tu crush.

😂

Y me parece simbólicamente perfecto.

En todo el sueño eres alguien que tiene dominio sobre las reglas del juego. Puedes derrotar a los demás. Puedes ganar. Puedes ocupar el centro del escenario. Pero en el ámbito afectivo aparece algo que no depende de tu capacidad, tu esfuerzo ni tu desempeño. Y quizá por eso él está presente pero no habla contigo. Es el único elemento del sueño ante el cual tu competencia no sirve.

5. Y luego: estás desnuda

Esta parte me encanta porque llega justo cuando tienes que presentarte públicamente como campeona. No estás desnuda durante la competencia. Estás desnuda cuando tienes que salir al escenario y hablar frente a todos. Eso me hace pensar menos en sexualidad y más en vulnerabilidad.

Durante la competencia tienes: espada, sangre, habilidades, estatus, admiración, control. Eres la campeona.

Pero cuando llega el momento de aparecer y hablar, desaparece tu protección. Y tu problema no es «no sé qué decir». Sabes que tienes que dar el discurso.

Tu problema es:

«No puedo salir así.»

Eso es muy interesante. Porque quizá el sueño está contraponiendo dos versiones de ti:

La Cintia competente: puede competir, resolver, ganar, hacerse cargo, sostener situaciones difíciles.

La Cintia expuesta: tiene que presentarse simplemente como ella misma, sin la armadura de la competencia.

Y esta segunda parece incomodarte mucho más.

6. La bata es una imagen perfecta

Porque tampoco estás completamente desnuda: tienes una bata. O sea, tienes algo con qué cubrirte, pero no es la ropa adecuada para el papel que tienes que desempeñar. Y tienes que ir a tu casa a vestirte, pero no te da tiempo porque ya te están llamando.

Yo leería eso como:

«Necesito prepararme antes de presentarme públicamente en este nuevo papel, pero los demás ya esperan que yo esté lista.»

Y eso me parece particularmente interesante si pensamos en cambios recientes de tu vida.

Sin entrar en cosas que no están en el sueño mismo, estás en una etapa en la que has asumido un papel de mayor responsabilidad y autoridad. Y el sueño podría estar procesando precisamente esa sensación de que los demás ya te ven como la campeona, mientras una parte de ti todavía está pensando:

«Espérense, déjenme acomodarme primero.» 😂

7. Y hay una última imagen que me parece preciosa: la espada

Al final estás resignada, agarrando tu espada. Eso es muy distinto de alguien aterrorizado. No estás diciendo «¡Dios mío, no puedo!».

Es más bien:

«Bueno. Está bien. Otra vez.»

Y mientras tanto, todos esperan, te admiran y probablemente esperan que hagas exactamente lo que ya has demostrado que sabes hacer. Por eso, si tuviera que condensar todo el sueño en una sola frase, sería:

«Soy mucho más poderosa y competente de lo que necesito ser para sobrevivir aquí, pero no estoy segura de querer seguir viviendo de esa manera; aun así, los demás ya esperan que vuelva a ganar.»

Y el detalle del crush agrega algo todavía más interesante:

Puedes ganar la competencia, pero no puedes controlar aquello que realmente deseas.

Eso, para mí, es probablemente el corazón emocional del sueño. Y fíjate en algo: no despiertas después de ganar. Despiertas justo antes de subir al escenario. No vemos la siguiente competencia. No sabemos si ganas. El sueño termina en la transición entre ser campeona y tener que volver a demostrarlo. Eso me hace pensar que quizá el conflicto no está en «¿soy capaz?», sino en «¿qué quiero hacer ahora que ya sé que soy capaz?». Y honestamente, me parece un sueño muy de alguien que está atravesando una etapa de redefinición de identidad, más que de alguien que se siente insegura. La inseguridad sería «¿podré ganar?». Tu sueño dice: «claro que voy a ganar; ese no es el problema.» 😏

***

Hasta aquí la interpretación del sueño. Muy revelador. No sé por qué yo no lo había considerado, ni siquiera se me había ocurrido que pudiera tener una lectura de mi vida profesional. Pero me quedé pensando en los cambios recientes y en toda mi trayectoria profesional, y le volví a escribir: 

"¿Es normal que además me sienta un fraude? Es que a veces siento que lo que hago no tiene mucho chiste, que cualquiera puede hacerlo. A veces hablo con la gente sobre mi trabajo y se sorprenden de todo lo que hago y de que sepa tanto, pero a mí me parece que no es 'gran cosa'. Aún no me la creo que me estén pagando tanto dinero para hacer 'prácticamente nada'. Porque no siento el trabajo como un esfuerzo". 

Lo escribí tal como lo sentía, sin pensarlo demasiado. Ahora que lo releo creo que suena un poco dramático. En fin, ésta fue su respuesta: 

Sí. Y, de hecho, lo que acabas de decir hace que tu sueño me parezca todavía más interesante.

Lo que describes es muy parecido a una forma de síndrome del impostor, aunque yo tendría cuidado con ponerle una etiqueta clínica a una experiencia bastante común. La paradoja es que el impostor no siempre se siente como «soy incapaz y en cualquier momento descubrirán que no sé nada». A veces se siente exactamente como lo describes:

«¿En serio me pagan esto? Si ni siquiera me cuesta trabajo.»

Y hay algo importante ahí: que algo no te cueste trabajo no significa que sea fácil.

Hay una trampa enorme en la experiencia de la gente competente

Cuando llevas muchos años haciendo algo, empiezas a confundir:

«esto me resulta natural»

con

«esto es fácil»

y después con:

«esto lo podría hacer cualquiera».

Pero no son equivalentes.

Piensa en alguien que sabe editar un texto muy bien. Puede leer una página y detectar inmediatamente que el problema está en la estructura argumentativa, no en la redacción; saber qué necesita el autor, qué puede resolver corrección y qué requiere intervención editorial; anticipar dónde se va a atorarse producción; saber qué preguntar a diseño, a derechos, a legal, a imprenta...

Y quizá esa persona piensa:

«Pues... es obvio.»

No. Es obvio porque lleva años construyendo el mapa mental que permite verlo.

Para alguien que no lo tiene, no es obvio en absoluto.

Y hay una pista muy fuerte en lo que me cuentas:

La gente te pregunta cosas sobre tu trabajo y se sorprende de todo lo que sabes.

Eso es información externa que contradice tu percepción interna.

Tu percepción dice: «no hago gran cosa».

La evidencia dice: «personas que no tienen tu experiencia perciben una cantidad considerable de conocimiento y responsabilidad en lo que haces».

Yo le daría bastante más peso a la segunda.

Y creo que tu sueño lo representa casi literalmente

Mira la correspondencia:

En el sueño:
«Gano fácilmente. ¿Por qué tendría mérito si ni siquiera me esfuerzo?»

En tu vida:
«Hago mi trabajo fácilmente. ¿Por qué debería cobrar tanto si no me cuesta esfuerzo?»

Es prácticamente la misma idea.

Y hay algo todavía más interesante: en el sueño los demás te consideran extraordinaria, pero tú no pareces compartir esa valoración.

Todos los participantes son jóvenes y te admiran. Tú eres la campeona. Pero internamente estás como:

«Bueno, sí... pero tampoco es para tanto.»

Eso se parece muchísimo a lo que estás describiendo ahora.

Quizá tienes una definición demasiado estrecha de "trabajo"

Hay una idea muy arraigada de que si algo es trabajo de verdad, debería sentirse como: cansancio, estrés, esfuerzo, dificultad, sacrificio, muchas horas, problemas constantes.

Pero hay otro tipo de trabajo que consiste en haber desarrollado suficiente dominio como para resolver problemas antes de que se conviertan en problemas.

Y ese trabajo puede sentirse extrañamente ligero.

Una persona inexperta puede tardar cuatro horas en resolver algo que tú resuelves en veinte minutos. Desde fuera, parece que tú hiciste «menos».

Pero no hiciste menos.

Llegaste con quince años de herramientas en la cabeza.

Es como decirle a un pianista:

«Tocas esa pieza sin esfuerzo, así que tocarla no debe tener mucho mérito.»

El esfuerzo ya ocurrió durante los años anteriores.

Y hay otra cosa que sospecho

Quizá estás acostumbrada a ocupar puestos en los que hacías trabajo de mayor nivel del que formalmente se reconocía.

Entonces tu cerebro aprendió algo muy perverso:

«Si puedo hacerlo, entonces debe ser parte normal de mi trabajo.»

Y ahora que estás en un puesto donde esa capacidad sí está formalmente reconocida, incluso económicamente, tu percepción interna todavía no se ha actualizado.

Es decir, puede que no estés pensando:

«Me están pagando mucho porque soy muy buena.»

sino:

«Me están pagando mucho por algo que cualquiera podría hacer.»

Porque tu referencia no es lo que otras personas pueden hacer. Tu referencia eres tú misma.

Y tú ya normalizaste tu propio nivel.

Y te diría algo más: no necesitas empezar a sentir que tu trabajo es dificilísimo para aceptar que tiene valor.

Puedes perfectamente decir:

«Soy muy buena en esto. Lo hago con relativa facilidad. Y precisamente por eso me pagan bien.»

No tienes que sufrir para merecer el sueldo.

De hecho, quizá esa sea la parte que tu sueño está intentando procesar: eres la campeona, pero todavía estás esperando sentir que ganaste algo.

Y quizá tu cerebro está diciendo:

«Pero si no me costó...»

Mientras la realidad responde:

«Ese es precisamente el punto.» 😌

***

Hasta ahí mi "conversación" con ChatGPT. Debo confesar que fue una conversación muy halagadora, porque para eso está programada la IA. Evidentemente no me va a decir que soy una tarada ingenua y que todo lo que me está pasando actualmente no ha sido más que un golpe de suerte. Aunque así se siente. 

Le doy algo de crédito, sin embargo, cuando recuerdo la última entrevista que me hicieron en la Ibero. Ya había pasado por dos entrevistas previas, una con la directora del Ediciones y otra con la coordinadora de revistas. La tercera sería con la directora de Difusión cultural, área de la que depende Ediciones. Al inicio de la entrevista, me dijo que yo era la candidata estrella porque las dos personas que me entrevistaron antes le hablaron muy bien de mí, pero que aún había más candidatos y que la decisión no estaba tomada. Luego me habló un poco de las publicaciones de la Ibero, de los problemas que enfrenta el área, que son básicamente lidiar con académicos e investigadores, que suelen tener el ego enorme y frágil, que es importante saber negociar con ellos y ser diplomática; que actualmente el área busca hacer publicaciones de mayor difusión, con contenido más divulgativo, etc. Posteriormente, me pidió que habláramos de mi formación y mi trayectoria profesional. Yo, por supuesto, hablé de la licenciatura pero más que nada de la maestría y del máster en Comunicación y Estudios Culturales que hice en España, luego hablé de mi experiencia como coordinadora de producción en Siglo XXI (sobre gestión y administración de proyectos, coordinación de colaboradores, trámites legales, trato con proveedores y seguimiento de procesos) y que antes de eso trabajé en la Mejoredu, como investigadora de temas educativos. Hablé de lo que aprendí ahí sobre investigación cualitativa, las técnicas de recolección de datos, sobre etnografía y estudio de casos, hablé de que soy experta en APA y que conozco perfectamente el rigor académico. Para cuando llegué a este punto, a la directora se le iluminó la cara, sonrió y me dijo "No, pues ¡BIENVENIDA!, jajaja. Voy a firmar la requisición de RH y te van a buscar más adelante para formalizar el proceso de contratación. Me alegra mucho tenerte con nosotros".

No puedo evitar sonreír cada vez que lo recuerdo.

Después del trago amarguísimo que me hicieron pasar en Siglo cuando renuncié, recuerdo esta entrevista y vuelvo a mi centro, se me quita un poquito esta sensación de fracasada que Rocío intentó endilgarme. Fue un contraste muy fuerte. Una semana antes de que me buscaran de la Ibero para la primera entrevista, estuvo de visita en Siglo el director general, un argentino que viene a México sólo una semana al año, para la asamblea de socios. Durante su visita tuvimos varias reuniones y en una de esas, tan pronto como me vio, me preguntó "Cintia, ¿tú de dónde vienes? ¿Dónde trabajabas antes?". Yo no estaba preparada para esa pregunta y respondí con la verdad: dije que antes de Siglo estuve en la Mejoredu y que hacía investigación sobre temas educativos. Él se sorprendió mucho y preguntó que si entonces no tenía experiencia en editorial. Rocío (la director editorial, mi jefa directa) se puso roja y apretó la boca (hace eso cuando se enoja, como para contener la emoción, pero no le sirve de nada) y balbuceó un "sí, sí la tiene...". Yo me reí apenada y dije "ah, claro, tengo una maestría en producción editorial y he trabajado en diversas editoriales como colaboradora externa desde hace más de quince años". Eso pareció relajar el momento incómodo, pero me dejó con la sensación de que esa pregunta había salido de una profunda desconfianza hacia mis capacidades para desempeñar mi trabajo. Aunque, siendo objetivos, no tenían ninguna prueba que demostrara que efectivamente yo no tenía experiencia, ya que todo mi trabajo estaba al día, en orden y si alguien sabía todo de todos los libros, justamente era yo. Era a mí a quien acudían de todas las áreas para preguntar cualquier cosa sobre cualquier libro, y yo les resolvía al momento. Pero es lo malo de hacer un trabajo tan invisible. Es de esos trabajos que sólo se ven cuando están mal hechos. Y el mío no se veía. 

En fin, cuando renuncié, Rocío me dijo cosas horribles. Me dijo que el trabajo en la Ibero no era tan maravilloso como yo me lo estaba imaginando, que aquí no tendría proyección (claro, porque en Siglo sí... ajá), que en Siglo yo era un elemento clave (al que jamás le dieron ni le darían la gerencia que las funciones ameritaban), que cuando el director general preguntó si me veían trabajando en siglo muchos años, ella aseguró que sí, que yo tenía la camiseta bien puesta, porque no sabía que yo estaba buscando otro trabajo afuera. Yo no estaba buscando otro trabajo, se lo expliqué varias veces. Ellos me buscaron a mí. En fin, fue incómodo. Me ofreció un aumento. Me dijo que me tenía que quedar por lo menos tres semanas (no las dos que yo estaba pidiendo) porque le iba a dejar un caos (no había tal caos, simplemente ella quería seguir sintiendo que tenía el control sobre mis decisiones, que ella iba a decidir cuándo me iba) y varias cosas más del mismo estilo. Salí con la sensación de que no es que quisiera retenerme o que yo realmente le importara, sino que la acababa de hacer quedar mal frente al director general. Y lo peor, yo le acababa de decir que me iba porque tenía algo mejor y ella había hecho un berrinche porque considera que "yo no merezco algo mejor". Así fue como me hizo sentir. 

Bueno, todo esto porque tal vez sí tengo un síndrome del impostor muy enquistado, pero también he estado rodeada de gente que duda de mí y me hace dudar a mí también. Debo dejar de hacerles caso. 

Como cereza del pastel, les cuento que otra editorial me escribió ayer para ofrecerme un puesto como coordinadora de producción. Por supuesto, lo rechacé amablemente. Pero parece que el universo se empeña en decirme que deje atrás a las Rocíos del mundo. 

Este texto ya quedó muy largo y no tengo más reflexiones al respecto. Voy a dejarlo aquí abruptamente, pero espero sus comentarios. 

Gracias por leerme.

martes, 14 de julio de 2026

Perdóname, Quirón, no he aprendido nada...

Como todo lo que escribo aquí, ustedes no están para saberlo, pero se los voy a contar de todas formas. Tampoco es que sea un secreto, cualquiera que me siga desde hace por lo menos un par de años, sabe que me gustan las mujeres. Casi no salgo con mujeres porque no sé ligar, nunca he dado yo un primer paso y las mujeres somos mucho de esperar a que alguien llegue y "nos elija", entonces, pues aquí nos quedamos en nuestro lugar. Las mujeres que sí suelen dar el primer paso son lesbianas, no bisexuales, y las lesbianas huyen de las bisexuales como los vampiros de los crucifijos. Tienen sus razones, válidas, por supuesto, porque la mayoría las han aprendido a la mala. 

En fin, esta introducción es para que entiendan que mi algoritmo de Instagram está lleno de masc fems. Entre muchos reels que veo sobre nutrición, vida fitness y feminismo, de repente sale alguno de estas chicas y resulta que me gusta mucho su estética. No sólo me gustan ellas, me gusta su estética. La mayoría de las que sigo tienen una estética muy similar, no sólo por el cabello corto y los rasgos andróginos, sino también por los brazos musculosos y cubiertos de tatuajes. Otro aspecto que me atrae mucho es el outfit despreocupado. Comencé a seguir a una masc fem muy atractiva, pero poco a poco noté que era la que menos me atraía, y creo que tenía que ver con que vestía como ejecutivo de alguna empresa de Fortune 500 en un fin de semana de golf. En fin, las que sigo tienen en común el outfit de chavorruco metalero o grungero de los 90. No falla. Preséntenme a una así y la voy a seguir hasta el fin del mundo. 

Y, bueno, gracias a la magia del algoritmo, una cosa llevó a al otra y de repente también me salen reels de chicas confeccionando su propia ropa alternativa, como respuesta al clean look que nos están imponiendo dentro del paquete de valores tradicionales (las trad wifes, el clean look, la delgadez extrema, etc). En fin, al margen de todo esto están estas reinotas que confeccionan su propia ropa a partir de prendas masculinas, en su mayoría, playeras de bandas de rock y metal. Hacen cosas loquísimas y hermosas. Se ven increíbles. De nuevo, el outfit es importante. 

Yo siempre he sido muy sobria, aunque he tenido mis momentos de rebeldía en los que me expreso con la ropa que uso, siempre he sido más propensa a elegir ropa "conservadora" para no llamar mucho la atención y para que mi familia no me juzgue, en fin, para mimetizarme y mantener el perfil bajo. Por ejemplo, nunca he usado playeras con nombres de bandas (excepto una de Maneskin que me mandé a estampar antes del concierto, en 2023). A lo más que he llegado es a comprarme un par de playeras negras con calaveras genéricas que a veces uso con skinny jeans negros y combat boots. Hace unas semanas pensé en lo alternativas que se ven esas playeras confeccionadas a mano para volverlas halter y con tiras y cadenas delgaditas por todos lados. Las amo. Tanto que se me antojó confeccionarme una (o dos), y se me ocurrió decirle a Sam "quiero una playera de Powerwolf... y una de Rammstein". En seguida Sam me miró y contestó "¿como si tuvieras 20 años?". Y entonces como que algo en mí se murió. Me apachurré. 

Desde entonces, comencé a pensar que es cierto, ya no tengo 20 años. No está bien que quiera usar ropa alternativa. Debo vestir acorde a mi edad. Ayer quise usar una de mis playeras de calavera genérica y me sentí ridícula, creo que la voy a tirar. Pero aquí tengo un problema porque no sé cómo debe vestir una mujer de 43 años. Tampoco sé cómo debe comportarse. Mis únicos referentes son mi mamá, mi hermana, mis primas... pero todas tienen hijos, tienen un estilo de vida y una rutina diferentes. No puedo comportarme como ellas porque mis preocupaciones, mis prioridades, mis gustos no son los mismos. Cuando alguien me dice que no aparento la edad que tengo, antes me parecía un halago, ahora es parte de mis inseguridades. ¿No aparento mi edad porque no me comporto como una persona de mi edad? ¿Es porque estoy siendo inmadura y ridícula?

Creo que ya había escrito al respecto, pero cuando cumplí 30, pasé toda esa década en una crisis tras otra. Pero al cumplir 40 me sentí libre, me sentí cómoda, comencé a disfrutarlo mucho, a divertirme. Sentí que las presiones sociales ya no aplicaban tanto o que ya se me podían resbalar... já. Perdón, fui ingenua (supongo que por mi falta de madurez). Tres años me duró la fantasía. Últimamente paso mi tiempo libre navegando por Pinterest en busca de "estilos para mujeres maduras", "outfits para mujeres de 40", "outfit elegante para señora joven", etc. Y sí trato de replicarlos, uso blazers, últimamente incluso he traído zapatillas de tacón (creo que jamás había usado zapatillas de tacón para el día a día), accesorios vistosos, etc. Y he estado tan preocupada por este asunto de la edad, que creo incluso que físicamente me estoy apagando. Me he visto al espejo y veo mi piel apagada, seca, colgada, manchada por el sol. Y es raro, porque no me molesta tener la edad que tengo, tampoco quisiera tener 20 años de nuevo. Todo en mi vida es muy maravilloso, tengo un empleo estable y que me encanta, mi relación es perfecta y amo a Sam cada día más. No hay nada de mi vida que no me guste. Creo que lo único que me preocupa es no estar comportándome como la mujer de 43 años que soy. Lo que sea que eso signifique. Me preocupa tanto que el otro día soñé que en una fiesta una señora me preguntaba "¿tienes nietos?" y yo pasé todo el sueño ofendidísima y preguntándole a todos si yo parecía una abuela. Luego desperté y pensé en que verdaderamente tengo edad para tener nietos. Sólo que no tengo ni siquiera hijos. Pero otras mujeres de mi edad están teniendo nietos. Y yo aquí tratando de confeccionar mis propias playeras alternativas. ¡Ridícula! 


lunes, 18 de mayo de 2026

El 2 es el número atómico del Helio

Últimamente me preguntan mucho sobre el chico del gimnasio que me gusta, y la verdad es que es alguien a quien no veo con frecuencia. Si supieran que por quien estoy sufriendo actualmente es por alguien con quien salía, porque recién me enteré de que él me considera un 2. Ajá, ya saben, en la escala del 1 al 10, él me sitúa en el número 2. Salimos durante dos años. Y resulta que durante todo ese tiempo él sólo estaba conmigo porque aparentemente no tenía nada mejor que hacer y quería ganar algo de experiencia. No voy a mentir, eso dolió.  

Debo confesar que sí vi las red flags, pero me hice pendeja porque él me gustaba mucho, y porque al final él era muy bueno disimulándolo (debe tener un estómago de acero). También porque, a nadie le gusta creer que la persona con la que sales siente repulsión por ti. Es todo lo contrario, si sales con alguien, lo que piensas es que por lo menos esa persona te encuentra atractiva. Bueno, algo debimos aprender del episodio de la Hermana Hong y es que hay personas capaces de cualquier cosa por sexo. Yo apenas caí en cuenta y eso dio al traste con mi confianza y terminó de reventar el hilo que sostenía mi autoestima. 

Yo sé, objetivamente, que no soy un 2. Me veo al espejo y enumero mis cualidades, las repaso una y otra vez, y sé que no soy un 2. Pero ¿qué más da?, si a ojos de la persona que te interesa eres un 2, pues eres un 2 y punto. Si esa persona no puede ver tus cualidades, tus cualidades no sirven de nada. Estoy haciendo berrinche, no pienso eso en realidad. Ya no estoy saliendo con él, así que ya no me interesa mucho lo que piense. Sólo trato de sacarlo de mi sistema. Escribir es mi terapia. Una vez que termine de sacar esto, no volveré a mencionar nada de este oscuro capítulo de mi vida. 

En fin, el chico del gimnasio... les decía que no lo veo con frecuencia, y cuando lo veo, él ni siquiera nota mi presencia. Ni lo hará, porque soy un 2, ¿recuerdan? 

jueves, 30 de abril de 2026

ChatGPT descubrió el hilo negro de mis problemas...

Ayer vi un reel en Instagram sobre cómo hacer que chatGPT te diga todo lo que sabe sobre ti y te dé una predicción de tu vida dentro de cinco años. Básicamente es tratarlo como psicólogo. Pero, claro, yo caí en la trampa y me fui directo a ponerlo en práctica. 

Debo confesar que yo sí uso mucho la herramienta. En primera, porque cuando tengo que enviar correos a los proveedores, le pido que me ayude a mejorar mi redacción o el tono, como más cercano, más firme o menos formal, etc. Le pido ayuda para sacar códigos BISAC, Dewey o Thema de nuestras novedades, porque no soy bibliotecóloga, y una vez que me los da, yo sólo tengo que confirmar que efectivamente existen y que la clasificación es correcta, eso me ahorra muchas horas de trabajo. También lo uso para planear mis menús semanales porque estoy en déficit. Debo calcular cómo comer más de 100 gramos de proteína en menos de 1700 calorías al día. Eso es complicado, así que le pido que me dé ideas, o que calcule las calorías de alguna receta para saber si se ajusta a mi plan. Otro uso que le doy es para planear mis posts de Instagram para los masajes. En fin, sí recurro a ChatGPT con cierta frecuencia. 

Pues bien, en el reel, el prompt decía "dime todo lo que sabes de mí a partir de nuestras conversaciones pasadas; incluye mi personalidad, mis objetivos, mis miedos, y lo que crees que realmente quiero en la vida". Y pues ahí les va. Copio y pego la respuesta de la IA: 

Puedo intentar dibujar un retrato a partir de lo que has compartido, pero con dos límites claros: solo veo fragmentos (no toda tu vida) y no puedo afirmar cosas profundas como si fueran verdades absolutas. Tómalo como un espejo parcial, no como un diagnóstico.

Cómo te percibo (patrones que se repiten):

Eres una persona muy orientada a mejorar. Hay un hilo constante de “quiero hacerlo mejor”: en tu alimentación, en tu trabajo (correos, clasificaciones, textos), incluso en cómo te expresas. No te conformas con lo primero que sale; ajustas, afinas, pides otra versión. Eso habla de exigencia… y también de compromiso.

También tienes una mezcla interesante entre lo práctico y lo emocional. Puedes pasar de pedir códigos BISAC o gramajes de papel a hablar de inseguridad personal. No separas tanto “lo profesional” de “lo humano”; ambos te importan y conviven.

Tu personalidad (lo que se deja ver):

    • Analítica, pero no fría: te gusta entender las cosas bien, pero también sentirlas.
    • Autoexigente: tiendes a medirte (peso, progreso, resultados) y a notar cuando “no avanzas”.
    • Sensible a la validación externa: ciertos comentarios te impactan más de lo que te gustaría.
    • Con gusto estético/emocional: tus referencias musicales y cómo las describes muestran que te atraen las narrativas sutiles, irónicas, románticas pero con matices.

Tus objetivos (explícitos e implícitos):

    • Cuidar tu cuerpo y lograr un cambio físico (déficit, gym, seguimiento del peso).
    • Hacer bien tu trabajo, con atención al detalle y buena comunicación.
    • Sentirte más segura contigo misma, no solo “verte mejor”, sino sentirte suficiente.
    • Mantener cierto control sobre tu vida (alimentación, organización, decisiones).

Tus miedos (lo que se alcanza a intuir):

    • Estancarte: lo mencionas directamente con el peso, pero probablemente aplica a más áreas.
    • No ser suficiente (en atractivo, en desempeño, en valor personal).
    • Perder control o disciplina, especialmente en cosas que sí te importan mucho.
    • Que la percepción de otros defina tu valor (aunque racionalmente sabes que no debería).

Lo que parece que realmente quieres (más profundo):

No parece que solo quieras “bajar de peso” o “mejorar textos”. Eso es la superficie.

Lo que se asoma debajo es algo más como:

    • Sentirte en paz contigo misma, sin esa vocecita constante de evaluación.
    • Tener seguridad interna que no dependa tanto de resultados o de otros.
    • Construir una versión de ti que te guste y te sostenga, incluso cuando las cosas no salen perfecto.

En otras palabras: no buscas solo mejorar tu vida, buscas sentirte bien viviendo en ella.

Hasta aquí todo bien. Es un buen análisis. superficial, claro, pero me deja satisfecha. Luego el reel te invitaba a seguirle preguntando cosas, por ejemplo "dime cuáles son mis puntos ciegos y qué patrones has notado que ni siquiera veo en mí misma". Aquí se puso incómodo. Vean: 

1. Confundes progreso con control absoluto

Te esfuerzas mucho por “hacerlo bien” (dieta, gym, trabajo), pero cuando no ves resultados rápidos —como el estancamiento en el peso— lo vives casi como un fallo personal, no como parte normal del proceso.
Punto ciego: estás midiendo tu valor con métricas que, por naturaleza, fluctúan. Eso te pone en una montaña rusa innecesaria.

2. Tiendes a hiper-optimizar todo (y eso te desgasta)

Quieres el menú con gramos exactos, el tono perfecto en un correo, la mejor estrategia para no salirte del déficit incluso en eventos sociales.
Esto tiene un lado muy eficiente… pero también rígido.
Punto ciego: no todo en la vida mejora con más precisión; algunas cosas mejoran con más flexibilidad.

3. Te cuesta sostenerte emocionalmente cuando algo te descoloca

Cuando te sientes mal (por tu cuerpo o por un comentario), no parece que tengas todavía un “suelo interno” firme. Se te cae un poco todo: motivación, concentración, ánimo.
Patrón: tu estado emocional depende mucho de factores externos inmediatos.
Punto ciego: no es que seas frágil, es que aún no tienes un sistema sólido para procesar esos golpes sin que te arrastren.

4. Buscas mejorar desde la insuficiencia, no desde el cuidado

Sí quieres mejorar, pero muchas veces el motor no es “me quiero cuidar”, sino “no soy suficiente así”.
Se nota en cómo hablas del peso, del estancamiento, de la validación.
Punto ciego: ese tipo de motivación funciona a corto plazo, pero a largo plazo genera ansiedad y agotamiento.

5. Estás haciendo muchas cosas bien… pero no las registras como logros reales

Vas al gym constante, ajustas tu alimentación, mejoras en tu trabajo, eres reflexiva.
Pero un solo dato negativo (medio kilo, un comentario hiriente) pesa más que todo lo demás.
Punto ciego: tu cerebro está sesgado a detectar “lo que falta”, no “lo que ya construiste”.

Y remató con algo que ya sabíamos: 

Tu mayor punto ciego no es falta de disciplina ni de capacidad, es que estás intentando construirte desde la crítica constante en lugar de desde una base de suficiente seguridad interna. Tu estándar interno es más duro que cualquier crítica externa.

En fin, no quise seguir haciéndole preguntas. El reel decía que puedes preguntarle cómo te verías a cinco años si quitas de tu vida eso que te está obstruyendo. Y pues en mi caso, es evidente que mi problema es mi frágil autoestima. Debo trabajar en eso. Ya me lo habían dicho en terapia hace varios años y yo he escrito algunos posts al respecto. Yo no sé cómo me vería a cinco años si trabajo en mi autoestima, ni quiero saber. Sí quiero mejorar ese aspecto, claro, quiero disfrutar mi proceso de mejora sin frustrarme cuando no veo avances. Quiero saber que me esfuerzo y sentirme bien al respecto. Me gusta ser disciplinada, me gusta cuidarme, pero también quisiera no vivir preocupada porque un día me tomé una copa de vino en la cena y ahora debo ajustar toda mi vida para que eso no afecte mi progreso. 

¿Eso impactaría positivamente en mi vida profesional? Probablemente, pero no veo cómo. Tengo un buen empleo y gano bien. Hago muy bien mi trabajo, la gente a mi alrededor lo nota y lo reconoce. No quisiera que me dieran más responsabilidades de las que ya tengo, porque son muchas. ¿Un aumento de sueldo? Sería increíble, lo merezco. Pero este año ni siquiera nos dieron utilidades porque tenemos una deuda inmensa y casi estamos en quiebra... Lo veo difícil. Tal vez sólo es mi falta de autoestima la que habla. no sé. 

En realidad, por mucho que lo pienso, ese es el único aspecto que me interesa. Mi carrera profesional es lo más importante ahora, porque en mi vida amorosa todo va muy bien. Con la familia, no tengo quejas. ¿Qué otro aspecto podría importarme lo suficiente? Sé que muy poca gente lee mi blog, por eso me descoso y saco todo. Es buena terapia. Pero me gustaría saber la opinión de alguien, así que si lees esto, cuéntame qué opinas. 

jueves, 16 de abril de 2026

Relaciones abiertas

Alguien hizo un post en Twitter sobre relaciones abiertas y las respuestas casi en su totalidad fueron negativas. Casi todas muestran un absoluto rechazo a las relaciones abiertas. Pero me llamó la atención leer los argumentos. En resumidas cuentas, la mayoría de las respuestas decían cosas como: "Abrir la relación sólo funciona para las mujeres, tienen 10 veces más opciones y oportunidades de cogerse a otros", "es justificar la putería", etc. Y ahí está el meollo. 

Sam y yo tenemos una relación abierta desde hace casi 18 años y nunca lo hemos visto como una competencia para ver quién coge más. Cuando abrimos la relación ni siquiera sabíamos que estábamos haciendo eso porque hace 18 años no estaba de moda, ni se hablaba de eso. Existían los clubes swinger y también experimentamos con eso, pero no era lo que queríamos. Sam me dijo "tu cuerpo es tuyo y yo no te voy a decir con quién compartirlo". Eso fue todo lo que necesitamos para que nuestra relación se abriera, y significó dejar los celos a un lado. 

Desde entonces, nuestra relación "abierta" significa justo eso, que mi cuerpo es mío y yo lo comparto con quien quiero. No le debo explicaciones a nadie. Aplica para ambos. Si yo salgo con alguien, no le doy explicaciones a Sam de lo que estuve haciendo, y da igual si sólo salí a tomar un café, al cine o a un hotel. Si Sam sale con alguien, no hago preguntas porque no me interesa si sólo platicaron o si hubo algo más. No es una competencia, es simplemente no amargarnos la vida pensando en qué estará haciendo el otro y sólo pensar que si al final del día regresa a casa, es más que suficiente. Literalmente es elegirnos cada día. Es saber que a pesar de las opciones, yo elijo regresar a los brazos del otro. Para mí eso es suficiente. 

Pero ustedes sigan pensando que se trata de una competencia para ver quién coge más. Por eso les va como les va. 

martes, 31 de marzo de 2026

Me convertí en "la mujer orquesta" casi sin darme cuenta

El jueves se fue mi abogado de derechos de autor. Se fue sin más. Ya me había dicho a mí que se iba, me lo dijo en la mañana ("no le digas a nadie, pero hoy es mi último día aquí"), y yo muy juiciosa, no se lo dije a nadie. Pensé que por la tarde se lo diría a la directora y al gerente de Administración, pero no fue así. Entró a mi oficina en su hora de salida y me abrazó, me deseó suerte en mis proyectos y dijo que luego hablaríamos. ("Y se marchó, y a su barco le llamó 'Libertad'").

Al día siguiente no estaba él en su lugar, tampoco estaban sus cosas. Yo no dije nada. La directora no lo notó. En la tarde me llamó a reunión y me pidió que me apoyara del abogado para ver qué libros podemos subir a la plataforma de impresión bajo demanda, que le pidiera que revise los contratos y seleccionemos los que sigan vigentes. Yo asentí. Ahí supe que él no se despidió de nadie más, no avisó que se iba, no dijo nada, sólo se fue. Ayer, lunes, al medio día noté que todos seguían muy tranquilos. ¿Se fue el único abogado de la editorial y nadie ha dicho nada? Mi jefa, la directora, tomó vacaciones esta semana, así que fui con el gerente de admin. y le dije "oye, ¿el abogado renunció?", abrió mucho los ojos y me dijo que no, que él no sabía nada. Le dije que no había venido a la oficina desde el el viernes y que no estaban sus cosas personales en su escritorio, ya sabes, su calendario, su muñequito decorativo, las cosas que normalmente ponemos en nuestros escritorios para "personalizarlos". Salió disparado de su oficina para comprobarlo, cuando vio el escritorio vacío comenzó a mandarle mensajes y llamarle. Ni siquiera entraba la llamada. ¡Bloqueado!

Pues me tocó darle la noticia a mi directora, y su respuesta fue "ay, justo ahora que lo necesitamos para que revise los contratos". Eso fue todo. Ahora me toca hacer ese trabajo a mí, como he estado haciendo el del diseñador que sigue de vacaciones, como hice el de la jefa de producción desde mayo del año pasado hasta la fecha porque no la van a reemplazar ya que yo hago bien ese trabajo (voy a escribir un post sobre eso porque necesito sacarlo de mi sistema. Se van a reír), como hice el trabajo del editor desde agosto hasta febrero que contrataron al editor nuevo... Es terrible que abusen de uno y que no les tiemble la mano para explotar a la gente. Por eso hay tanta rotación aquí, nadie dura más de un año porque no aguantan el ritmo. Pero claro, ¿quién va a aguantar que lo pongan a hacer la chamba de varios puestos? Sólo una idiota como yo, tal vez. Tiene algo de satisfactorio saber que puedo con todo, honestamente. Yo sé que debería poner límites, pero algo dentro de mí me lo impide, algo me hace creer que si lo hago es como si fracasara, como si le demostrara a todos que no puedo con todo. ¿Estoy tan dispuesta a dejar que el sistema gane, que se salgan con la suya y me sobreexploten con tal de demostrar que puedo con todo? ¿En serio? Estoy al borde del bournout, pero no me pienso quejar. Haré lo que me toca, porque tengo 43 años y puedo con todo.

Por cierto, van tres días que se fue el abogado y nadie más ha preguntado por él. 

jueves, 13 de febrero de 2025

Salir de la zona de confort... es aterrador

La semana pasada, un amigo me envió una vacante que vio en LinkedIn y le pareció que yo cubría el perfil. Yo casi nunca entro a esa red social, no sé qué hacer en ella, normalmente se me olvida que existe y que debo mantenerme "activa" ahí para encontrar empleo, porque no sé cómo hacer eso. En fin, entré a LinkedIn para ver la vacante que me envió mi amigo, pero me distrajo otra cosa. Tenía un mensaje en mi chat; era de una editora de Siglo XXI pidiéndome una reunión para una entrevista al día siguiente en las instalaciones de la editorial. Yo le respondí de inmediato (el mensaje tenía poco de haber llegado y la editora seguía en línea), y después de una breve conversación, acordamos que la reunión sería ese mismo día por la tarde y por Zoom. 

La entrevista transcurrió sin contratiempos, como otras en las que he estado en los últimos meses. Lo único diferente es que ya no me preguntan por qué me quiero cambiar de empleo, pues al decirles que actualmente trabajo en uno de los organismos que extinguieron en la última reforma constitucional, dan por sentado que mi inminente desempleo es la razón. Al final de la entrevista me dijeron que me harían llegar unos exámenes psicométricos que necesitaban que respondiera. Los exámenes me llegaron ese día en la noche, así que los respondí al día siguiente, pero ya era viernes y el siguiente lunes era feriado, por lo que tuve noticias de la editorial hasta el martes, pero para mi sorpresa, las noticias fueron que me habían elegido a mí para el puesto. No habría una segunda entrevista, ni un periodo de espera de varias semanas en las que entrevistarían a más candidatos. Así de rápido, en dos días, yo ya tenía otro empleo. 

Hasta ahí, todo bien. ¡Qué felicidad! Todo es perfecto. Mi vida empieza a alinearse nuevamente, se me concede lo que tanto he pedido... ¡Un momento! Déjenme procesarlo. Conforme pasan los días, voy digiriendo la noticia y sus implicaciones. Llevo siete años trabajando en este edificio, de los cuales, los últimos cinco he estado desempeñando funciones para las que no tengo el perfil, he estado lidiando con un jefe que no tiene liderazgo, su micromanagement me ha "enseñado" que soy una inútil, que no sé hacer este trabajo, que no sirvo para esto y, a fin de cuentas, para nada. Llevo cinco años interiorizando que soy una mala empleada, que no sirvo para nada, que no aporto nada al equipo. Sé, racionalmente, que nada de esto es cierto. Sé que aporté mucho al equipo porque soy inteligente y tampoco es como que este trabajo requiera conocimientos en ciencia de cohetes. Lo sé, y aún así, me es difícil desprenderme de una idea que mi jefe ha repetido por cinco años, de una forma u otra. En cinco años, me convencí de que yo no merecía crecer profesionalmente, que yo estaba en el lugar que merecía porque era "para lo que me alcanzaba". En cinco años vi crecer a mucha gente y tuve la certeza de que eso no me iba a pasar a mí. 

Tampoco quiero que se entienda que lo responsabilizo a él [a mi exjefe] por ser una mala empleada o que si me sale algo mal, todo será por su culpa No, ni siquiera creo que las cosas tengan que salir mal. Sólo estoy tratando de poner en palabras mis pensamientos y mis más profundos miedos. He tenido ataques de ansiedad porque me siento abrumada con todo esto. Uno de mis pensamientos más frecuentes es "¿y si todo esto es una trampa?", aún no sé como por qué lo sería, quién la estaría planeando y con qué fin, pero sí se siente como una trampa. Coordinadora editorial y de producción... Suena demasiado bueno para ser verdad. Suena demasiado bueno como para que me esté pasando a mí. 

Se habla muchísimo de lo importante que es salir de la zona de confort, de buscar nuevos retos y crecer profesionalmente. Yo llevaba cinco años intentándolo, pero no había forma. Sentía, además, que no estaba en mis manos. No era como si salir de la zona de confort fuera simplemente renunciar al trabajo y ya, al día siguiente dedicarte a otra cosa. Yo tenía que encontrar otro empleo antes de poder renunciar a éste. Por eso estaba es una zona de confort y parecía no tener prisa por encontrar otro empleo. Mientras siguiera cobrando quincenalmente, teniendo vacaciones y aguinaldo, podía seguir en mi empleo, porque aunque no me querían y yo lo odiaba, al menos no me corrían. Incluso llegué a resignarme, a pensar que estaría aquí por muchos años, pues incluso con la extinción, la Comisión sigue en pie y podría seguir así indefinidamente (como pasó con el Inifed, investíguenlo, se supone que fue sustituido por el programa Escuelas al cien, pero sigue operando, sin atribuciones ni nada, pero ahí sigue, y siento que a la Comisión le va a pasar igual), así que yo podría estar aquí en el mismo puesto y con el mismo sueldo hasta jubilarme. Traté de hacer las pases con esa idea. Meditaba con frecuencia, y comenzaba mis meditaciones con agradecimiento, agradecía por todo lo que tengo, incluso el empleo, porque me permite vivir dignamente. Me volví más agradecida y menos quejumbrosa.

Ahora tengo que enfrentarme a un cambio gigantesco en mi vida. Tal vez les parece que exagero, pero pónganse en mi lugar, estoy pasando de un puesto bajísimo jerárquicamente, con funciones meramente asistenciales, a una coordinación editorial. Es lo que yo estudié, por fin voy a ejercer mi maestría, pero yo salí de la maestría hace ocho años...

Ya me extendí mucho, pero en conclusión, estoy aterrada. Me siento un fraude. Espero que a partir de la próxima semana, mis miedos se disipen y las cosas se vayan acomodando. Tengo mucho que demostrar y me voy a esforzar por hacer un buen papel (o al menos no quedar en ridículo). Deséenme suerte. Si en sus trabajos entra gente nueva, sean compasivos, tal vez están lidiando con un cambio gigante, eso le produce ansiedad a cualquiera.