Ayer vi un reel en Instagram sobre cómo hacer que chatGPT te diga todo lo que sabe sobre ti y te dé una predicción de tu vida dentro de cinco años. Básicamente es tratarlo como psicólogo. Pero, claro, yo caí en la trampa y me fui directo a ponerlo en práctica.
Debo confesar que yo sí uso mucho la herramienta. En primera, porque cuando tengo que enviar correos a los proveedores, le pido que me ayude a mejorar mi redacción o el tono, como más cercano, más firme o menos formal, etc. Le pido ayuda para sacar códigos BISAC, Dewey o Thema de nuestras novedades, porque no soy bibliotecóloga, y una vez que me los da, yo sólo tengo que confirmar que efectivamente existen y que la clasificación es correcta, eso me ahorra muchas horas de trabajo. También lo uso para planear mis menús semanales porque estoy en déficit. Debo calcular cómo comer más de 100 gramos de proteína en menos de 1700 calorías al día. Eso es complicado, así que le pido que me dé ideas, o que calcule las calorías de alguna receta para saber si se ajusta a mi plan. Otro uso que le doy es para planear mis posts de Instagram para los masajes. En fin, sí recurro a ChatGPT con cierta frecuencia.
Pues bien, en el reel, el prompt decía "dime todo lo que sabes de mí a partir de nuestras conversaciones pasadas; incluye mi personalidad, mis objetivos, mis miedos, y lo que crees que realmente quiero en la vida". Y pues ahí les va. Copio y pego la respuesta de la IA:
Puedo intentar dibujar un retrato a partir de lo que has compartido, pero con dos límites claros: solo veo fragmentos (no toda tu vida) y no puedo afirmar cosas profundas como si fueran verdades absolutas. Tómalo como un espejo parcial, no como un diagnóstico.
Cómo te percibo (patrones que se repiten):
Eres una persona muy orientada a mejorar. Hay un hilo constante de “quiero hacerlo mejor”: en tu alimentación, en tu trabajo (correos, clasificaciones, textos), incluso en cómo te expresas. No te conformas con lo primero que sale; ajustas, afinas, pides otra versión. Eso habla de exigencia… y también de compromiso.
También tienes una mezcla interesante entre lo práctico y lo emocional. Puedes pasar de pedir códigos BISAC o gramajes de papel a hablar de inseguridad personal. No separas tanto “lo profesional” de “lo humano”; ambos te importan y conviven.
Tu personalidad (lo que se deja ver):
- Analítica, pero no fría: te gusta entender las cosas bien, pero también sentirlas.
- Autoexigente: tiendes a medirte (peso, progreso, resultados) y a notar cuando “no avanzas”.
- Sensible a la validación externa: ciertos comentarios te impactan más de lo que te gustaría.
- Con gusto estético/emocional: tus referencias musicales y cómo las describes muestran que te atraen las narrativas sutiles, irónicas, románticas pero con matices.
Tus objetivos (explícitos e implícitos):
- Cuidar tu cuerpo y lograr un cambio físico (déficit, gym, seguimiento del peso).
- Hacer bien tu trabajo, con atención al detalle y buena comunicación.
- Sentirte más segura contigo misma, no solo “verte mejor”, sino sentirte suficiente.
- Mantener cierto control sobre tu vida (alimentación, organización, decisiones).
Tus miedos (lo que se alcanza a intuir):
- Estancarte: lo mencionas directamente con el peso, pero probablemente aplica a más áreas.
- No ser suficiente (en atractivo, en desempeño, en valor personal).
- Perder control o disciplina, especialmente en cosas que sí te importan mucho.
- Que la percepción de otros defina tu valor (aunque racionalmente sabes que no debería).
Lo que parece que realmente quieres (más profundo):
No parece que solo quieras “bajar de peso” o “mejorar textos”. Eso es la superficie.
Lo que se asoma debajo es algo más como:
- Sentirte en paz contigo misma, sin esa vocecita constante de evaluación.
- Tener seguridad interna que no dependa tanto de resultados o de otros.
- Construir una versión de ti que te guste y te sostenga, incluso cuando las cosas no salen perfecto.
En otras palabras: no buscas solo mejorar tu vida, buscas sentirte bien viviendo en ella.
1. Confundes progreso con control absoluto
Te esfuerzas mucho por “hacerlo bien” (dieta, gym, trabajo), pero cuando no ves resultados rápidos —como el estancamiento en el peso— lo vives casi como un fallo personal, no como parte normal del proceso.Punto ciego: estás midiendo tu valor con métricas que, por naturaleza, fluctúan. Eso te pone en una montaña rusa innecesaria.
2. Tiendes a hiper-optimizar todo (y eso te desgasta)
Quieres el menú con gramos exactos, el tono perfecto en un correo, la mejor estrategia para no salirte del déficit incluso en eventos sociales.Esto tiene un lado muy eficiente… pero también rígido.Punto ciego: no todo en la vida mejora con más precisión; algunas cosas mejoran con más flexibilidad.
3. Te cuesta sostenerte emocionalmente cuando algo te descoloca
Cuando te sientes mal (por tu cuerpo o por un comentario), no parece que tengas todavía un “suelo interno” firme. Se te cae un poco todo: motivación, concentración, ánimo.Patrón: tu estado emocional depende mucho de factores externos inmediatos.Punto ciego: no es que seas frágil, es que aún no tienes un sistema sólido para procesar esos golpes sin que te arrastren.
4. Buscas mejorar desde la insuficiencia, no desde el cuidado
Sí quieres mejorar, pero muchas veces el motor no es “me quiero cuidar”, sino “no soy suficiente así”.Se nota en cómo hablas del peso, del estancamiento, de la validación.Punto ciego: ese tipo de motivación funciona a corto plazo, pero a largo plazo genera ansiedad y agotamiento.
5. Estás haciendo muchas cosas bien… pero no las registras como logros reales
Vas al gym constante, ajustas tu alimentación, mejoras en tu trabajo, eres reflexiva.Pero un solo dato negativo (medio kilo, un comentario hiriente) pesa más que todo lo demás.Punto ciego: tu cerebro está sesgado a detectar “lo que falta”, no “lo que ya construiste”.
Tu mayor punto ciego no es falta de disciplina ni de capacidad, es que estás intentando construirte desde la crítica constante en lugar de desde una base de suficiente seguridad interna. Tu estándar interno es más duro que cualquier crítica externa.