miércoles, 7 de agosto de 2024

Ya sé que necesito terapia, por eso escribo

Subí dos kilos. Eso dice la báscula, 2 kilos exactos. Pero se sienten como 5, y me costará meses de trabajo volver a bajarlos, como si fueran 10. Me veo al espejo y se notan esos dos kilos, porque de repente mi cintura desapareció, mi vientre se ve más abultado, los jeans me aprietan y me sofoco al subir escaleras. No saben lo mucho que me afecta emocionalmente sentirme así. 

Puede parecer exagerado, pero hace unos meses me diagnosticaron con hipotiroidismo, y eso explica todo. Mi peso fluctúa muchísimo todo el tiempo. Me cuesta mucho trabajo perder peso, a pesar de que tomo medicamentos para bajar de peso (recetados por mi endocrinólogo), veo a una nutrióloga y sigo la dieta casi al pie de la letra, hago ejercicios, bebo mucha agua, no tomo refrescos y ni siquiera me gusta el pan dulce. Y a pesar de todo, no logro bajar ni un gramo. 

Yo me sentía cómoda en mi peso hace un par de semanas. Podría estar así, sin problemas. Incluso pensé que al llevar ya un año con el medicamento para bajar de peso, el endocrinólogo me diría que ya lo suspenda y siga como voy, pero no fue así. En cuanto me vio, me dijo que debo seguir tomándolo, porque no he bajado de peso. Y semanas después de esa consulta, no sólo sigo sin bajar, sino que subí otros dos kilos. No saben la frustración que siento, las ganas de llorar y gritar, de tirar la toalla, dejar de tomar todos los medicamentos que tomo y sentarme a comer una hamburguesa sin culpa, sin sentirme como una fracasada horrible. Pero ni siquiera podría hacerlo, porque mi estómago no me deja, ya no puedo procesar la comida pesada. Media hamburguesa es suficiente para que las náuseas no me dejen dormir. 

Toca cambiar el yoga matutino por ejercicios de cardio y pesas. Toca reducir aún más las porciones de carbohidratos y grasas (evitar las galletas como a la peste). No sé qué más hacer para bajar lo que subí en estas últimas semanas, porque, de entrada, no sé qué hice para ganar esos kilos. Les juro que no lo sé.

Tengo un severo trauma con mi sobrepeso porque yo crecí siendo una niña gorda, y crecí escuchando cosas como que así nadie me iba a querer (y viviéndolo, porque mis papás me amaban, pero el resto de mi familia no tenía reparos en mostrarme su rechazo abiertamente, porque gorda). Lo internalicé. Entonces, estar gorda sí me genera un miedo terrible al rechazo, a las burlas, a los juicios, al efecto halo.

No quiero levantarme de la cama, no quiero ir a la oficina, no quiero usar ropa linda ni maquillaje, no quiero verme al espejo, no quiero hablar con nadie. Me desmotiva mucho trabajar tan duro y no ver ningún resultado favorable, que al final pase todo lo contrario. No sólo me cuesta mucho trabajo y tiempo, también llevo mucho dinero invertido en el medicamento, porque no es barato. Estoy enojada, muy enojada conmigo misma, por supuesto, porque no puedo culpar a nadie más. Me caigo muy mal, no puedo ser amable conmigo, no ahora. Tal vez después, cuando logre perder al menos un kilito, igual y empiezo a hacer las paces con la del espejo, pero mientras: ¡que se pudra!

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