viernes, 13 de diciembre de 2019

Recuerdo la última vez que nos bañamos juntos, también fue la última vez que nos vimos. Yo no sabía que sería la última. Terminé de bañarme y me recargué en la pared helada de aquel baño de hotel, a ver cómo te caía el agua en el cuerpo y cómo el jabón formaba figuras de arcoíris blancos en tu vientre. Mi presencia ahí, callada y expectante, te puso nervioso, me miraste y preguntaste en voz baja:
-¿Te vas a seguir bañando?
-No, ya terminé.
-¿Por qué sigues aquí?
-Porque estás desnudo.
La sonrisa que se dibujo en tu rostro es la que mejor recuerdo de todas las que me regalaste. ¡Dios, esa sonrisa! La tengo guardada en los párpados, y la veo cada vez que cierro los ojos.
Me dijo "Te quiero. Y sabes que digo te quiero porque ninguna palabra se asemeja a lo que siento por ti. No conoce el mundo nada parecido". Al día siguiente me dejó.

jueves, 14 de marzo de 2019

¿Alguna vez han estado con alguien que los contiene o que de alguna forma hace que ustedes no sean como normalmente son? Yo estaba recordando mi última relación y pensaba en todo lo que me quedé guardado, todas las cosas que no dije y que me hubiera gustado decir. Y pensando en eso, me di cuenta de que así fue siempre. No es que él me limitara, más bien lo hacía yo sola, yo me autocensuraba. Nunca he sido muy platicadora, más bien soy reservada, pero con él era excesivamente reservada. Él habla hasta por los codos, y yo sólo escuchaba y asentía. No sé por qué, pero no me atrevía a decir todo lo que estaba pensando, tal vez creía que lo iba a aburrir. Incluso cuando algo me molestaba, tampoco se lo decía, sólo esperaba que se me pasara y después de un rato regresaba como si nada. Seleccionaba con cuidado las cosas que le contaba; a veces, incluso, antes de verlo pensaba en algo que contarle, pero al tenerlo enfrente, ya no lo hacía. Pocas veces fui espontánea. Sigo sin saber por qué fue así. Tal vez su personalidad me abrumaba y no quería decir algo que arruinara todo. No sé, la verdad no lo sé. Sólo estaba reflexionando. Ya sé que debería estar hablando de esto con mi terapeuta, pero quise ponerlo aquí porque a veces escribirlo también nos libera.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Con toda la furia que sale de mis entrañas.

Estas letras son hechas con la bilis que no supe dónde derramar cuando explotó esta semana. Me pareció impropio derramarla sobre mi trabajo que tanto me ha costado conservar, o sobre Sam que ni la debe ni la teme.
Es que una no ayuda a los amigos esperando que ellos le agradezcan esa ayuda, pero cuando los amigos se ponen a agradecer a todo el mundo y se brincan olimpicamente tu bien merecido agradecimiento... Pues una se siente traicionada, ofendida y humillada. Claro que no puedo evitar pensar que la culpa es mía por ayudar a gente que no me lo pidió... Y que, ahora lo veo, tampoco se lo merecía.
Durante algunos meses, Sam y yo dividíamos lo poco que ganábamos para pagar todas las cuentas (renta, luz, agua, gas, teléfono, cable, etc...) y lo poco que nos quedaba para comer podíamos quedárnoslo para que cada quien comiera por su cuenta, pero preferíamos invertir cada centavo en verduritas para que toda la semana pudiéramos comer los tres, o de otra forma, lo sabíamos, nuestro amigo se moriría de hambre. Y nunca lo agradeció...
Pagamos a tiempo siempre todas las cuentas que a él también le tocaba pagar (porque ese fue el trato cuando nos mudamos juntos). Y nunca lo agradeció...
Le presté dinero en octubre del año pasado para que se comprara un disfraz de Halloween y no se lo cobré porque sabía que estaba pasando por una mala racha, hasta hace una semana que me empecé a ver llena de deudas por todos lados y consideré que ya era buen tiempo de sugerirle que me ayudara ahora a mí, pero dijo que no tenía dinero y dejé de insistir. Y tampoco lo agradeció...
Rayó nuestro carro mientas lo estacionaba. Y ni disculpas nos pidió...
En este año ha tenido muy pocos trabajos. La mayoría han sido de bajo perfil y los ha dejado en dos semanas o tres días porque no son lo que él espera (claro, cuando uno es resaponsable y sabe que tiene que pagar renta y servicios, pues se aguanta... pero él no). Tuvo un buen trabajo, uno que yo habría podido hacer bien porque para eso estudié una carrera relacionada con el tema (él no lo hizo, pero le dieron ese trabajo por recomendación) y uno pensaría que lo iba a aprovechar porque era algo serio y estable, algo bueno para sus necesidades... Pero lo corrieron también de ese (como de todos los anteriores) por su arrogancia, y aún así salió diciendo que todos eran unos pendejos por querer decirle cómo hacer las cosas (cosas que él no sabe hacer, por supuesto y que sí necesitaba que le dijeran cómo hacer). Y como OTRA VEZ no tiene trabajo, pues tampoco tiene para pagar sus deudas. Y no pedirá disculpas por eso...
Ustedes se preguntarán "cómo lo aguantan?", "ustedes lo permiten, por qué no lo corren?"... Pues porque somos buenas personas (o sea, bola de pendejos, no?) y porque es nuestro amigo... o lo eral al menos hace un tiempo. Bueno, no sé... su tiempo se termina, ya me llenó de bilis. No lo quiero otro mes en mi casa.
Pero tal vez soy muy injusta con él, debo confesar que yo sí tengo algo que agradecerle: Marco, gracias por ser bueno con mi perro.

jueves, 23 de julio de 2009

Tu "hybris" me pone de mal humor

Una de las cosas más fáciles del mundo es escribir mala poesía, ¿no te lo ha dicho nadie?

miércoles, 22 de julio de 2009

Mataz

Es la canción que me dedicaste, ¿Te acuerdas? Ahora tengo un conflicto.
Sé que me quieres, o al menos eso me has venido diciendo los últimos seis años. La primera vez en Teotihuacán, ¿te acuerdas? yo me puse a llorar porque estaba ebria y tu confesión me tomó por sorpresa, y dije que lloraba porque sabía que irremediablemente te iba a lastimar y no me podía dar el lujo de hacerte eso (alguien me dijo que esa era una excelente frase para empezar un libro).
Así empezó nuestra historia. Es sorprendente cómo pudimos actuar frente a los demás y comportarnos como si no pasara nada. Durante años engañamos al mundo entero haciéndoles creer que sólo éramos buenos amigos y que no había nada más entre nosotros... ¡Y la gente nos creía! Y lo hacíamos como si tuviéramos que rendirle cuentas a alguien, como si fuese muy grave lo nuestro. No era grave, sólo divertido, nos divertía creer que le importábamos al mundo lo suficiente como para que notara nuestro juego.

Y ya no quiero que toques en mi ventana en las mañanas, quiero recordarte en pasado, dejarlo así, que seas feliz. Te advertí que te lastimaría, ¿No lo entiendes? Así soy yo, es lo que hago. No repitas que no te importa, no te creo.
Te quiero.
Cintia

viernes, 8 de mayo de 2009

Ustedes no están para saberlo, pero...

Ayer me levanté con ganas de hacer ejercicios. Me dan ganas de hacer ejercicios cuando pienso en lo gorda que estoy y me deprimo. Sam lo sabe, por eso me preguntó que si me sentía triste cuando me vio ponerme el traje deportivo. En realidad no estaba triste, sólo preocupada por mi sobrepeso excesivo.
La semana pasada fui a ver al médico y me dijo que tengo 14 kilos de más... Es un chingo!! Sí, pero la culpa es mía por no cuidarme, ya les conté que sólo hago ejercicios cuando estoy deprimida, y en los tres últimos años no he hecho más actividad física que coger con Sam (con bastante frecuencia, pero no la suficiente como para contrarrestar el efecto de las pizzas y pastas que tanto nos gustan). Lo cierto es que nunca había estado tan gorda como ahora. Tampoco había sido tan feliz.