jueves, 8 de octubre de 2026

¿Es síndrome del impostor o sólo estoy teniendo mucha suerte?

La semana pasada tuve un sueño bien loco, pero de esos que son tan vívidos y claros que días después aún recuerdas casi todos los detalles. Estaba como en una especie de competencia, pero era un "estilo de vida", no sé cómo definirlo. Yo vivía en ese lugar, ahí estaba mi casita (creo que era la única que vivía ahí) y todos los que estábamos ahí participábamos en una competencia. Yo ganaba, pero aún no sé cómo, sólo recuerdo que en algún momento yo tenía una espada y tenía sangre, así que las competencias eran violentas. Y yo ganaba con mucha facilidad, pero sin ganas, no me esforzaba, simplemente ganaba. La competencia terminaba y yo era la campeona y ya no quería seguir participando, pero tenía que hacerlo en la siguiente competencia. Había muchos participantes, hombres y mujeres, todos muy jóvenes, y me admiraban. Estaba ahí mi crush del gimnasio, pero no hablábamos. Yo quería acercarme, pero siempre había algo que me lo impedía. En algún momento del sueño yo estaba desnuda, no sé por qué, y trataba de ir a mi casa a ponerme ropa, pero sólo tenía una bata, y ya me estaban llamando para salir "al escenario", porque al ser la campeona anterior, tenía que dar un discurso, pero no quería salir en bata. Hasta ahí me desperté. Antes de subir al escenario, con todos los participantes esperándome y admirándome y yo agarrando mi espada, resignada.

Por supuesto, yo no soy psicóloga y no sé interpretar sueños. Estos últimos días he estado platicando con un excoach del gimnasio que me confesó que él sabía de por lo menos tres chicos que estaban interesados en mí. Él era el cuarto, por supuesto... También hay otro con el que me llevo bien y en algún momento me dijo que quería tener algo conmigo pero yo lo rechacé. Cinco pretendientes y a mí sólo me interesa el único que ni siquiera me voltea a ver, como no podía ser de otra forma. La verdad pensé que mi sueño podría tener algo que ver con eso (a pesar de que el sueño fue previo a esa plática con el excoach), pero para una mejor interpretación, pues le pregunté a ChatGPT. La IA me mostró una lectura completamente distinta y que yo ni siquiera había considerado. Copio la respuesta: 

Uy, este sueño tiene muchísima coherencia interna. Aquí siento que hay un hilo bastante claro: eres extraordinariamente competente dentro de un sistema que ya no quieres habitar, pero del que tampoco puedes simplemente retirarte.

Obviamente no lo tomaría como una interpretación “correcta” del sueño —los sueños no tienen un diccionario universal—, pero si lo leo como una narración simbólica, hay varias cosas que me llaman muchísimo la atención.

1. La competencia no es algo que haces: es el mundo en el que vives

Dices algo muy preciso: no era simplemente un torneo, sino un estilo de vida. Tú vivías ahí. Incluso tenías una casa.

Eso cambia muchísimo la lectura.

No estás entrando ocasionalmente a competir: tu vida cotidiana está organizada alrededor de la competencia. Y, sin embargo, eres la única persona que parece tener una casa propia, un espacio estable dentro de ese mundo.

Podría representar una etapa de tu vida en la que has aprendido a funcionar extraordinariamente bien dentro de estructuras competitivas, exigentes o de alto rendimiento. Sabes jugar el juego. De hecho, lo ganas. Pero hay una especie de contradicción:

Soy buenísima en esto, pero no necesariamente quiero seguir haciéndolo.

Y eso aparece explícitamente cuando ganas y tu reacción no es «¡quiero volver a ganar!», sino «ya no quiero participar». Eso me parece central.

2. Lo más interesante: ganas sin esforzarte

Para mí, esta es probablemente la imagen más poderosa del sueño.

Tienes una espada, hay sangre, las competencias son violentas, hay muchísimos participantes... y tú ganas con facilidad.

No hay una fantasía de superación tipo «me esforcé muchísimo y finalmente demostré mi valor». Al contrario: parece que tu capacidad está tan incorporada que ya ni siquiera necesitas demostrarla. Y además no estás particularmente emocionada.

Es casi:

Sí, gané. Era de esperarse. ¿Y ahora qué?

Eso puede tener que ver con una percepción muy concreta de ti misma: ya sabes que eres capaz. La validación externa que implica ganar ya no resulta tan estimulante. Y eso hace que el sueño sea bastante distinto de un sueño de inseguridad. No parece decir «tengo miedo de no ser suficientemente buena». Parece decir:

«Sé perfectamente que soy buena. El problema es que no sé si quiero seguir haciendo esto.»

3. Pero no puedes retirarte

Y aquí está el conflicto. La competencia termina. Eres campeona. Podrías pensar que eso significa libertad. Pero no. Tienes que volver a competir.

Eso introduce una sensación de obligación: haber demostrado competencia te convierte, paradójicamente, en alguien que tiene que seguir demostrándola.

Es una trampa bastante interesante:

ganas → te conviertes en campeona → por ser campeona, tienes nuevas obligaciones → vuelves a competir.

Es decir, el éxito no te libera del sistema; te hace más indispensable dentro de él. Y ahí el sueño empieza a parecerme menos sobre competencia y más sobre responsabilidad.

4. Y entonces aparece tu crush del gimnasio 👀

Aquí me parece que el sueño se vuelve mucho más personal. Está ahí, entre todos esos jóvenes participantes, y te admira, pero ustedes no hablan. Tú quieres acercarte, pero algo siempre lo impide. Eso es bastante distinto del resto del sueño porque, en la competencia, tú tienes un poder enorme: eres la campeona, ganas sin esfuerzo, tienes una espada, todos te admiran. Pero frente a él aparece algo que no puedes conquistar mediante competencia.

No puedes ganar a tu crush.

😂

Y me parece simbólicamente perfecto.

En todo el sueño eres alguien que tiene dominio sobre las reglas del juego. Puedes derrotar a los demás. Puedes ganar. Puedes ocupar el centro del escenario. Pero en el ámbito afectivo aparece algo que no depende de tu capacidad, tu esfuerzo ni tu desempeño. Y quizá por eso él está presente pero no habla contigo. Es el único elemento del sueño ante el cual tu competencia no sirve.

5. Y luego: estás desnuda

Esta parte me encanta porque llega justo cuando tienes que presentarte públicamente como campeona. No estás desnuda durante la competencia. Estás desnuda cuando tienes que salir al escenario y hablar frente a todos. Eso me hace pensar menos en sexualidad y más en vulnerabilidad.

Durante la competencia tienes: espada, sangre, habilidades, estatus, admiración, control. Eres la campeona.

Pero cuando llega el momento de aparecer y hablar, desaparece tu protección. Y tu problema no es «no sé qué decir». Sabes que tienes que dar el discurso.

Tu problema es:

«No puedo salir así.»

Eso es muy interesante. Porque quizá el sueño está contraponiendo dos versiones de ti:

La Cintia competente: puede competir, resolver, ganar, hacerse cargo, sostener situaciones difíciles.

La Cintia expuesta: tiene que presentarse simplemente como ella misma, sin la armadura de la competencia.

Y esta segunda parece incomodarte mucho más.

6. La bata es una imagen perfecta

Porque tampoco estás completamente desnuda: tienes una bata. O sea, tienes algo con qué cubrirte, pero no es la ropa adecuada para el papel que tienes que desempeñar. Y tienes que ir a tu casa a vestirte, pero no te da tiempo porque ya te están llamando.

Yo leería eso como:

«Necesito prepararme antes de presentarme públicamente en este nuevo papel, pero los demás ya esperan que yo esté lista.»

Y eso me parece particularmente interesante si pensamos en cambios recientes de tu vida.

Sin entrar en cosas que no están en el sueño mismo, estás en una etapa en la que has asumido un papel de mayor responsabilidad y autoridad. Y el sueño podría estar procesando precisamente esa sensación de que los demás ya te ven como la campeona, mientras una parte de ti todavía está pensando:

«Espérense, déjenme acomodarme primero.» 😂

7. Y hay una última imagen que me parece preciosa: la espada

Al final estás resignada, agarrando tu espada. Eso es muy distinto de alguien aterrorizado. No estás diciendo «¡Dios mío, no puedo!».

Es más bien:

«Bueno. Está bien. Otra vez.»

Y mientras tanto, todos esperan, te admiran y probablemente esperan que hagas exactamente lo que ya has demostrado que sabes hacer. Por eso, si tuviera que condensar todo el sueño en una sola frase, sería:

«Soy mucho más poderosa y competente de lo que necesito ser para sobrevivir aquí, pero no estoy segura de querer seguir viviendo de esa manera; aun así, los demás ya esperan que vuelva a ganar.»

Y el detalle del crush agrega algo todavía más interesante:

Puedes ganar la competencia, pero no puedes controlar aquello que realmente deseas.

Eso, para mí, es probablemente el corazón emocional del sueño. Y fíjate en algo: no despiertas después de ganar. Despiertas justo antes de subir al escenario. No vemos la siguiente competencia. No sabemos si ganas. El sueño termina en la transición entre ser campeona y tener que volver a demostrarlo. Eso me hace pensar que quizá el conflicto no está en «¿soy capaz?», sino en «¿qué quiero hacer ahora que ya sé que soy capaz?». Y honestamente, me parece un sueño muy de alguien que está atravesando una etapa de redefinición de identidad, más que de alguien que se siente insegura. La inseguridad sería «¿podré ganar?». Tu sueño dice: «claro que voy a ganar; ese no es el problema.» 😏

***

Hasta aquí la interpretación del sueño. Muy revelador. No sé por qué yo no lo había considerado, ni siquiera se me había ocurrido que pudiera tener una lectura de mi vida profesional. Pero me quedé pensando en los cambios recientes y en toda mi trayectoria profesional, y le volví a escribir: 

"¿Es normal que además me sienta un fraude? Es que a veces siento que lo que hago no tiene mucho chiste, que cualquiera puede hacerlo. A veces hablo con la gente sobre mi trabajo y se sorprenden de todo lo que hago y de que sepa tanto, pero a mí me parece que no es 'gran cosa'. Aún no me la creo que me estén pagando tanto dinero para hacer 'prácticamente nada'. Porque no siento el trabajo como un esfuerzo". 

Lo escribí tal como lo sentía, sin pensarlo demasiado. Ahora que lo releo creo que suena un poco dramático. En fin, ésta fue su respuesta: 

Sí. Y, de hecho, lo que acabas de decir hace que tu sueño me parezca todavía más interesante.

Lo que describes es muy parecido a una forma de síndrome del impostor, aunque yo tendría cuidado con ponerle una etiqueta clínica a una experiencia bastante común. La paradoja es que el impostor no siempre se siente como «soy incapaz y en cualquier momento descubrirán que no sé nada». A veces se siente exactamente como lo describes:

«¿En serio me pagan esto? Si ni siquiera me cuesta trabajo.»

Y hay algo importante ahí: que algo no te cueste trabajo no significa que sea fácil.

Hay una trampa enorme en la experiencia de la gente competente

Cuando llevas muchos años haciendo algo, empiezas a confundir:

«esto me resulta natural»

con

«esto es fácil»

y después con:

«esto lo podría hacer cualquiera».

Pero no son equivalentes.

Piensa en alguien que sabe editar un texto muy bien. Puede leer una página y detectar inmediatamente que el problema está en la estructura argumentativa, no en la redacción; saber qué necesita el autor, qué puede resolver corrección y qué requiere intervención editorial; anticipar dónde se va a atorarse producción; saber qué preguntar a diseño, a derechos, a legal, a imprenta...

Y quizá esa persona piensa:

«Pues... es obvio.»

No. Es obvio porque lleva años construyendo el mapa mental que permite verlo.

Para alguien que no lo tiene, no es obvio en absoluto.

Y hay una pista muy fuerte en lo que me cuentas:

La gente te pregunta cosas sobre tu trabajo y se sorprende de todo lo que sabes.

Eso es información externa que contradice tu percepción interna.

Tu percepción dice: «no hago gran cosa».

La evidencia dice: «personas que no tienen tu experiencia perciben una cantidad considerable de conocimiento y responsabilidad en lo que haces».

Yo le daría bastante más peso a la segunda.

Y creo que tu sueño lo representa casi literalmente

Mira la correspondencia:

En el sueño:
«Gano fácilmente. ¿Por qué tendría mérito si ni siquiera me esfuerzo?»

En tu vida:
«Hago mi trabajo fácilmente. ¿Por qué debería cobrar tanto si no me cuesta esfuerzo?»

Es prácticamente la misma idea.

Y hay algo todavía más interesante: en el sueño los demás te consideran extraordinaria, pero tú no pareces compartir esa valoración.

Todos los participantes son jóvenes y te admiran. Tú eres la campeona. Pero internamente estás como:

«Bueno, sí... pero tampoco es para tanto.»

Eso se parece muchísimo a lo que estás describiendo ahora.

Quizá tienes una definición demasiado estrecha de "trabajo"

Hay una idea muy arraigada de que si algo es trabajo de verdad, debería sentirse como: cansancio, estrés, esfuerzo, dificultad, sacrificio, muchas horas, problemas constantes.

Pero hay otro tipo de trabajo que consiste en haber desarrollado suficiente dominio como para resolver problemas antes de que se conviertan en problemas.

Y ese trabajo puede sentirse extrañamente ligero.

Una persona inexperta puede tardar cuatro horas en resolver algo que tú resuelves en veinte minutos. Desde fuera, parece que tú hiciste «menos».

Pero no hiciste menos.

Llegaste con quince años de herramientas en la cabeza.

Es como decirle a un pianista:

«Tocas esa pieza sin esfuerzo, así que tocarla no debe tener mucho mérito.»

El esfuerzo ya ocurrió durante los años anteriores.

Y hay otra cosa que sospecho

Quizá estás acostumbrada a ocupar puestos en los que hacías trabajo de mayor nivel del que formalmente se reconocía.

Entonces tu cerebro aprendió algo muy perverso:

«Si puedo hacerlo, entonces debe ser parte normal de mi trabajo.»

Y ahora que estás en un puesto donde esa capacidad sí está formalmente reconocida, incluso económicamente, tu percepción interna todavía no se ha actualizado.

Es decir, puede que no estés pensando:

«Me están pagando mucho porque soy muy buena.»

sino:

«Me están pagando mucho por algo que cualquiera podría hacer.»

Porque tu referencia no es lo que otras personas pueden hacer. Tu referencia eres tú misma.

Y tú ya normalizaste tu propio nivel.

Y te diría algo más: no necesitas empezar a sentir que tu trabajo es dificilísimo para aceptar que tiene valor.

Puedes perfectamente decir:

«Soy muy buena en esto. Lo hago con relativa facilidad. Y precisamente por eso me pagan bien.»

No tienes que sufrir para merecer el sueldo.

De hecho, quizá esa sea la parte que tu sueño está intentando procesar: eres la campeona, pero todavía estás esperando sentir que ganaste algo.

Y quizá tu cerebro está diciendo:

«Pero si no me costó...»

Mientras la realidad responde:

«Ese es precisamente el punto.» 😌

***

Hasta ahí mi "conversación" con ChatGPT. Debo confesar que fue una conversación muy halagadora, porque para eso está programada la IA. Evidentemente no me va a decir que soy una tarada ingenua y que todo lo que me está pasando actualmente no ha sido más que un golpe de suerte. Aunque así se siente. 

Le doy algo de crédito, sin embargo, cuando recuerdo la última entrevista que me hicieron en la Ibero. Ya había pasado por dos entrevistas previas, una con la directora del Ediciones y otra con la coordinadora de revistas. La tercera sería con la directora de Difusión cultural, área de la que depende Ediciones. Al inicio de la entrevista, me dijo que yo era la candidata estrella porque las dos personas que me entrevistaron antes le hablaron muy bien de mí, pero que aún había más candidatos y que la decisión no estaba tomada. Luego me habló un poco de las publicaciones de la Ibero, de los problemas que enfrenta el área, que son básicamente lidiar con académicos e investigadores, que suelen tener el ego enorme y frágil, que es importante saber negociar con ellos y ser diplomática; que actualmente el área busca hacer publicaciones de mayor difusión, con contenido más divulgativo, etc. Posteriormente, me pidió que habláramos de mi formación y mi trayectoria profesional. Yo, por supuesto, hablé de la licenciatura pero más que nada de la maestría y del máster en Comunicación y Estudios Culturales que hice en España, luego hablé de mi experiencia como coordinadora de producción en Siglo XXI (sobre gestión y administración de proyectos, coordinación de colaboradores, trámites legales, trato con proveedores y seguimiento de procesos) y que antes de eso trabajé en la Mejoredu, como investigadora de temas educativos. Hablé de lo que aprendí ahí sobre investigación cualitativa, las técnicas de recolección de datos, sobre etnografía y estudio de casos, hablé de que soy experta en APA y que conozco perfectamente el rigor académico. Para cuando llegué a este punto, a la directora se le iluminó la cara, sonrió y me dijo "No, pues ¡BIENVENIDA!, jajaja. Voy a firmar la requisición de RH y te van a buscar más adelante para formalizar el proceso de contratación. Me alegra mucho tenerte con nosotros".

No puedo evitar sonreír cada vez que lo recuerdo.

Después del trago amarguísimo que me hicieron pasar en Siglo cuando renuncié, recuerdo esta entrevista y vuelvo a mi centro, se me quita un poquito esta sensación de fracasada que Rocío intentó endilgarme. Fue un contraste muy fuerte. Una semana antes de que me buscaran de la Ibero para la primera entrevista, estuvo de visita en Siglo el director general, un argentino que viene a México sólo una semana al año, para la asamblea de socios. Durante su visita tuvimos varias reuniones y en una de esas, tan pronto como me vio, me preguntó "Cintia, ¿tú de dónde vienes? ¿Dónde trabajabas antes?". Yo no estaba preparada para esa pregunta y respondí con la verdad: dije que antes de Siglo estuve en la Mejoredu y que hacía investigación sobre temas educativos. Él se sorprendió mucho y preguntó que si entonces no tenía experiencia en editorial. Rocío (la director editorial, mi jefa directa) se puso roja y apretó la boca (hace eso cuando se enoja, como para contener la emoción, pero no le sirve de nada) y balbuceó un "sí, sí la tiene...". Yo me reí apenada y dije "ah, claro, tengo una maestría en producción editorial y he trabajado en diversas editoriales como colaboradora externa desde hace más de quince años". Eso pareció relajar el momento incómodo, pero me dejó con la sensación de que esa pregunta había salido de una profunda desconfianza hacia mis capacidades para desempeñar mi trabajo. Aunque, siendo objetivos, no tenían ninguna prueba que demostrara que efectivamente yo no tenía experiencia, ya que todo mi trabajo estaba al día, en orden y si alguien sabía todo de todos los libros, justamente era yo. Era a mí a quien acudían de todas las áreas para preguntar cualquier cosa sobre cualquier libro, y yo les resolvía al momento. Pero es lo malo de hacer un trabajo tan invisible. Es de esos trabajos que sólo se ven cuando están mal hechos. Y el mío no se veía. 

En fin, cuando renuncié, Rocío me dijo cosas horribles. Me dijo que el trabajo en la Ibero no era tan maravilloso como yo me lo estaba imaginando, que aquí no tendría proyección (claro, porque en Siglo sí... ajá), que en Siglo yo era un elemento clave (al que jamás le dieron ni le darían la gerencia que las funciones ameritaban), que cuando el director general preguntó si me veían trabajando en siglo muchos años, ella aseguró que sí, que yo tenía la camiseta bien puesta, porque no sabía que yo estaba buscando otro trabajo afuera. Yo no estaba buscando otro trabajo, se lo expliqué varias veces. Ellos me buscaron a mí. En fin, fue incómodo. Me ofreció un aumento. Me dijo que me tenía que quedar por lo menos tres semanas (no las dos que yo estaba pidiendo) porque le iba a dejar un caos (no había tal caos, simplemente ella quería seguir sintiendo que tenía el control sobre mis decisiones, que ella iba a decidir cuándo me iba) y varias cosas más del mismo estilo. Salí con la sensación de que no es que quisiera retenerme o que yo realmente le importara, sino que la acababa de hacer quedar mal frente al director general. Y lo peor, yo le acababa de decir que me iba porque tenía algo mejor y ella había hecho un berrinche porque considera que "yo no merezco algo mejor". Así fue como me hizo sentir. 

Bueno, todo esto porque tal vez sí tengo un síndrome del impostor muy enquistado, pero también he estado rodeada de gente que duda de mí y me hace dudar a mí también. Debo dejar de hacerles caso. 

Como cereza del pastel, les cuento que otra editorial me escribió ayer para ofrecerme un puesto como coordinadora de producción. Por supuesto, lo rechacé amablemente. Pero parece que el universo se empeña en decirme que deje atrás a las Rocíos del mundo. 

Este texto ya quedó muy largo y no tengo más reflexiones al respecto. Voy a dejarlo aquí abruptamente, pero espero sus comentarios. 

Gracias por leerme.

1 comentario:

Capo dijo...

Tienes un CV, súper bueno, experiencia más que comprobada, una inteligencia muy por encima de la media y además tienes una enorme capacidad para hacer que las cosas complejas se vean como si fueran sencillas… No es de extraña que llegara una oportunidad así, y estoy seguro que es un peldaño, porque aún llegarás más algo. Además, quienes sabemos que eres buenísima somos más que las Rocíos del mundo, sólo hace falta que también nos escuches.
Te admiro y soy tu fan.