viernes, 8 de mayo de 2009

Ustedes no están para saberlo, pero...

Ayer me levanté con ganas de hacer ejercicios. Me dan ganas de hacer ejercicios cuando pienso en lo gorda que estoy y me deprimo. Sam lo sabe, por eso me preguntó que si me sentía triste cuando me vio ponerme el traje deportivo. En realidad no estaba triste, sólo preocupada por mi sobrepeso excesivo.
La semana pasada fui a ver al médico y me dijo que tengo 14 kilos de más... Es un chingo!! Sí, pero la culpa es mía por no cuidarme, ya les conté que sólo hago ejercicios cuando estoy deprimida, y en los tres últimos años no he hecho más actividad física que coger con Sam (con bastante frecuencia, pero no la suficiente como para contrarrestar el efecto de las pizzas y pastas que tanto nos gustan). Lo cierto es que nunca había estado tan gorda como ahora. Tampoco había sido tan feliz.

miércoles, 14 de enero de 2009

Esperanza o desidia

Hesíodo narra en el mito de Prometeo que al abrir la caja de Pandora salieron disparados todos los males de la humanidad, pero cuando la volvieron a cerrar, la Esperanza no alcanzó a salir y se quedó atrapada. Esto se interpreta de mil maneras, pero a mi me gusta esta: la Esperanza forma parte de los males que aquejan al hombre porque lo vuelve perezoso; es decir, cuando se tiene "esperanza" de algo, uno puede quedarse quieto "esperando" que ese algo suceda como por generación espontánea en lugar de hacer que las cosas sucedan. Los griegos rechazaban la esperanza y no la veían en el mismo sentido en que la vemos ahora, es por esto que quedó atrapada dentro de la caja. Actualmente se habla de esperanza todo el tiempo: "Hay que tener esperanza en los gobernantes", "La esperanza es lo último que muere", "Somos un pueblo de esperanza", "La esperanza del pueblo...", etc. Pero ¿nuestro concepto de esperanza está muy alejado del de los griegos? Yo tenía la esperanza de conseguir un buen trabajo pronto, ahora me voy a poner a buscarlo.   

lunes, 12 de enero de 2009

Insanity. La ciudad me vomita.

La ciudad me vomita. Cuando puse esa frase en el msn todos me preguntaron que si la ciudad me hacía vomitar. No. Bueno, me produce malestar, pero no precisamente en el estómago. Hoy la recorrí, literalmente atravesé la ciudad de sur a norte y de pronto recordé esa frase y por qué "me vomita"... La ciudad lucía triste, y no sólo porque el cielo estuviera nublado, digo que se veía triste de verdad. Está cubierta de gris, es toda gris, es como un monstruo de concreto inmóvil. Me dio pena ver los infructuosos intentos de "embellecer" el paisaje con plantitas enclenques entre una columna monumental y otra. Y fue cuando noté que no hay lugar para los peatones. Las aceras son diminutas, apenas para una o dos personas. Y a pesar de eso, con todo el lugar que hay para los autos, las avenidas parecen estacionamientos... Ya no hay lugar aquí para mi.
Me puso tan mal recorrer la ciudad que de pronto me di cuenta de que la ciudad me obliga a salir, me empuja hacia fuera de ella, me vomita. 
Hace unos meses me salí de casa de mis padres porque ya no había lugar ahí para mi; ahora la ciudad me obliga a salir de ella porque no tiene lugar para mi... Tal vez algún día tenga que salir de mi porque no tenga ya lugar para mi. 

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Estas cosas no se cuentan tan a la ligera, pero es la única manera de superarlas

En realidad no sé por dónde empezar… Ni siquiera sé si esté bien que publique esto, aunque muy poca gente visita este blog y eso me dá confianza para escribir algo tan personal aquí.

Fue a comienzos del 2002, yo tenía apenas 18 años. Iba saliendo del trabajo cuando un tipo se me acercó, platicamos y me invitó un café… Al día siguiente me despertó el teléfono del cuarto de un hotel en Satélite, el hombre de la recepción me preguntaba que si se me ofrecía algo y yo le pedí un taxi y la hora: eran las seis de la mañana del día siguiente, estaba sola y por las pocas imágenes que podía recordar me estaba dando cuenta de que había sido violada.

En casa, mis papás estaban histéricos porque era la primera vez que no llegaba a dormir a la casa sin avisarles. Les dije que me había ido con una amiga del trabajo pero no me creyeron. Días después, mi hermana me dijo que tenía la sospecha de que algo malo me había pasado esa noche, que yo no era así y que podía confiar en ella para cualquier cosa. Le conté lo que me había pasado y ella bajó corriendo a decirle a mis padres que YO TENÍA ALGO IMPORTANTE QUE CONFESARLES!!! Me quedé helada y después de mucho tiempo e incómodas miradas solté la sopa como diarrea verbal.

Llamaron a una de mis tías que es abogada y ella me convenció de no levantar una demanda debido a que ya había pasado tiempo y no había pruebas que confirmaran que yo tenía razón (ooookkkk Eso fue humillante!!). Decidí seguir con mi vida como si nada hubiera pasado, a fin de cuentas yo sólo recordaba partes de lo sucedido y eso facilitaba mi amnesia autoinducida.

No necesito decirles que me postulo a favor de la pena de muerte para violadores y secuestradores, ¿verdad? Es más, si me preguntan a mi, sugiero que les apliquen la muerte por mil cortes.

Yo creí que lo que había pasado había sido como estar en el infierno, pero lo peor apenas estaba por venir. Hice mi mayor esfuerzo por “vivir normalmente”, si así se le puede llamar a no poder dejar de pensar en un suicidio lento y doloroso a la vez que aparentaba ser una hija de familia feliz y agradecida con la vida por mil razones (inventadas o sacadas de la manga o completamente forzadas). Reía como siempre, veía la tele como siempre, platicaba con la gente como siempre, salía con mis amigos como siempre… todo mientras pensaba que cualquier lugar podía convertirse en una excelente escena del crimen con un poco de imaginación y muchas ganas, que era lo que me sobraba. Con todo y eso, un día cualquiera, mi hermana se me acercó y de la nada soltó una de las frases que me han marcado para siempre: “Yo como que te veo muy tranquila para lo que te pasó”. GIVE ME A BREAK!!! ¿Cómo les explico lo que sentí en ese momento?

Anyway, al poco tiempo me enteré de que mi mamá tampoco había creído mi “cuento” (así le decían ellos, mi familia) y fue cuando el mundo se vino abajo. No podíamos estar en la misma habitación sin discutir y sin que terminara llamándome golfa. No lo soportaba y me encerraba en mi habitación a llorar y gritar hasta quedar afónica. Mi hermana llegó a presenciar algunas de estas escenas, y aún así creía que yo estaba “muy tranquila”.

Por esas mismas fechas, mi abuela se fracturó la cadera y necesitaba reposo, así que me ofrecí como voluntaria para cuidarla. Hasta entonces, mi abuela y yo nunca nos habíamos tratado mucho, pero hubiera hecho cualquier cosa con tal de salir de casa de mis padres. Estuve ahí hasta que entré a la carrera y regresé a casa, la marea estaba baja de nuevo pero cada que yo salía con mis amigos había gritos y mi madre me recordaba que aún no confiaba en mí.

Al final se dio por vencida y entendió que con o sin su confianza, yo terminaría haciendo lo que se me pegara la gana… ¿qué más me podía pasar? Tenía pocas razones para vivir pero no me atrevía a suicidarme, sólo rogaba encontrar la muerte en cualquier esquina.

Unos cuantos años después, otra de las frases que me quedarían tatuadas, volvió a salir de la boca de mi hermana. En casa de mis padres no se toca ese tema, nadie habla de lo que me pasó, tal vez porque ya entienden que es un tema que toca fibras muy sensibles en mi, o porque no quieren ofenderme otra vez al exponer su opinión al respecto. Como sea, yo tenía una cita y mi hermana empezó a preguntarme que a dónde iba y con quién. Sin más ni más, le dije que era un amigo y que lo había conocido en un centro comercial, a lo que ella respondió: “ash, no andes haciendo amigos así, por eso te pasa lo que te pasa”. Ay, Viry, a veces creo que donde está tu corazón tienes un hoyo negro o una pasita rancia. Esa frase hizo a un lado la de Héctor (Cf. “Fue en la secu y aún no lo supero” de este mismo blog) y se colocó como la número uno de las frases más humillantes y dolorosas que me han dicho. Total, cancelé mi cita y me encerré en el baño a llorar largo y tendido. También vomité porque desde hace tiempo el sentimiento de humillación me provoca náuseas, ¿a ustedes no?

viernes, 3 de octubre de 2008

Ella expresa mejor lo que siento que yo misma

"…y deseando profundamente que el sentimiento desaparezca. Mirándome inexistente cuando por fin la melancolía se va. Rogando que vuelva la tristeza: quiero por lo menos sentir algo. Y algo incluye dolor. Peor que sentirse mal es no sentirse. Y ya no siento."
Cielo Latini

sábado, 13 de septiembre de 2008

La frase de la semana:

Ayer vi L. A. Ink y una de las chicas que tatuaron dijo: "Cuando me hice mi primer tatuaje sentí mucha libertad, fue entonces que comprendí en verdad que mi cuerpo es mío...". ¡Y tiene tanta razón!

jueves, 21 de agosto de 2008

Que el tiempo cura todo, dicen...

No avanza, sólo camina en círculos y regresa al mismo lugar periódicamente. Hoy me di cuenta de eso, por fin lo experimenté. Hace un año exactamente que dejé de visitar páginas para anoréxicas, que decidí que estaría conforme conmigo misma y que sería feliz mientras Sam me quisiera tal como soy (físicamente) no porque de él dependa el hecho de sentirme bien, sino porque él me hace feliz y no me pide que sea perfecta, así que no tengo por qué serlo, no necesito impresionarlo más y yo estoy cansada de exigirme más de lo que puedo dar.
Bueno, esta semana (no recuerdo qué día, pero fue esta semana), durante la cena, platiqué con Marco y le hablé del libro Abzurdah, de Cielo Latini. lo leí cuando visitaba foros y blogs "Pro-Ana" y tenía cyber-amigas anoréxicas y bulímicas de todo el continente. Este libro es autobiográfico y me gustó en verdad, aunque literariamente no tiene mucho de dónde exprimirle, me pareció que la vida de Cielo era como la mía pero al extremo. Es de los libros que más me han gustado y atrapado desde el prólogo. En verdad no recuerdo por qué saqué ese libro a colación durante la plática, seguramente no hablábamos de anorexia ni bulimia, pero me dieron ganas de volverlo a leer.
Ayer llegué a la oficina y busqué el libro en pdf para pasárselo a Marco y resultó que aún lo conservo, creí que lo había tirado a la papelera. No pude evitar abrirlo y comenzar a leer lo que ya me sé casi de memoria. Hace un año que lo terminé, que terminé con esta pendejada y desde entonces no había platicado con ninguna de mis cyber-amigas bulimaréxicas por el msn, de hecho eliminé a la mayoría de ellas de mi lista de contactos.
Hoy una de ellas me saludó, me hizo la plática y me preguntó que cómo me llevaba con Ana (esa diosa con la que una debe estar en armonía para que ella le permita lograr la perfección y bla, bla, bla) y depronto sentí una imperiosa necesidad de ir a vomitar la torta de salami que me acababa de comer.
No, no lo hice, y no estoy orgullosa. No me siento bien, me siento como hace un año, como hace dos años, como cuando todo empezó. Sólo que entonces tenía una obsesión (podríamos llamarlo "razón de ser") y ahora no. Ahora sólo es costumbre y ganas de hacerlo. Muchas ganas de hacerlo.
Una que quiere crecer, y el tiempo que no ayuda...